Son tres edificios con cinco núcleos de comunicación cada uno y otros tantos portales que dan acceso a dos viviendas por planta. Todas poseen doble orientación, son prácticamente idénticas y se distribuyen de manera que las estancias diurnas se abran a las orientaciones de mayor soleamiento.
Debido a la gran anchura de los bloques, en general las viviendas poseen tres espacios diferentes: los adyacentes a las dos fachadas y el central. En los primeros se sitúan, según la orientación de las mismas, las zonas de día y las de noche y en el centro lo hacen las piezas de distribución, consistentes en dos cuadrados de dimensiones semejantes, colocados en diagonal para percibir unas proporciones ilusoriamente mayores a las reales y flanqueados por los baños y el vestidor del dormitorio principal. El primero de estos cuadrados recibe y presenta a la casa, a la vez que da acceso a la cocina y al estar, mientras que el segundo, más misterioso y cerrado, conduce a los dormitorios.
Las fachadas presentan dos tipos de alzados según las orientaciones y los usos asignados a los mismos. Los que acogen los estares y las cocinas se diseñan muy abiertos, basando su composición en una sucesión de líneas verticales y horizontales superpuestas a las losas voladas continuas que protegen esas fachadas. Son muy volumétricos donde las diferencias de planos, los vuelos y la materialidad de los elementos constructivos expuestos a los rayos del sol originan una gran riqueza en la combinación de luces y sombras. En cuanto a los de los dormitorios, éstos se resuelven más cerrados, aunque igualmente dinámicos, ya que se basan en la repetición de un hueco por estancia, alargado y estrecho, que ocupa toda su anchura y tan sólo la altura de la visual interior. Sin embargo, estas fachadas son básicamente planas, sin juegos de luces y sombras. Los testeros representan un papel fundamental en la transición de unos alzados a otros. En realidad, en ellos está el secreto compositivo de la unidad, ya que los bloques se conciben como la unión de dos piezas en forma de C atadas entre ellas por los retranqueos centrales de dichos testeros.
Respecto al diseño de las fachadas, también se plantea de distinto modo según sus orientaciones. Así, la norte de uno de los bloques y la oeste de los otros dos se levantan con un doble plano de cerramiento, ya que vuelan un metro. En el de atrás, de mortero hidrofugado pintado, queda el cierre de las salas de estar y, todavía más retranqueado, el de las escaleras y las cocinas. De esta manera, las cristaleras de esas estancias, que acompañan el ángulo de quiebro, quedan cubiertas por el vuelo de los balcones, cuya losa constituye una protección solar.
En cambio, la fachada norte y la este, según se trate de uno u otro edificio, se conforman con un único plano de cerramiento, también de mortero claro, en el que se abren tan sólo las ventanas necesarias para la iluminación y la ventilación de los dormitorios. Las juntas se hacen rehundidas, marcando líneas horizontales que enfatizan la composición.
El conjunto se apoya en un zócalo oscuro de mortero coloreado, en el que se integran tanto los portales, como los huecos verticales de las viviendas de la planta baja y se corona con un ático que no asoma a ninguno de los alzados. Las cubiertas son planas, transitables o no, según los casos.
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