El solar se encuentra al sur del núcleo urbano de Elgorriaga, delimitado por la carretera de acceso a Leitza y por la ribera del río Ezkurra, justo en el punto que ocupaba el antiguo balneario del que apenas se conservaban dos pequeñas ruinas de lo que fue la residencia del guarda y la sala de la caldera, así como el pozo original de aguas salinas.
Se evita erigir un edificio compacto, de fuerte impacto volumétrico, ajeno al carácter del lugar, por lo que se propone un tejido continuo de estancias y volúmenes de escala contenida, capaces de definir las relaciones con el paisaje. Las áreas exteriores e interiores se funden e integran, creando espacios controlados a modo de plazas, que favorecen una relación directa de los usuarios del hotel con los jardines, con el paseo junto al río y con los elementos de la urbanización. De esta manera, se suaviza el carácter hospitalario que acompaña a este tipo de programas.
La superficie de restauración y la cafetería participan de la terraza panorámica, conformada por las distintas piezas y desde la que se percibe la piscina lúdica. El área balnearia se desarrolla, en su totalidad, en el zócalo, en contacto con el terreno: la recepción distribuye las consultas y los vestuarios, mientras que la piscina terapéutica se constituye como el centro alrededor del cual discurren las circulaciones de las zonas secas y húmedas. El conjunto se presenta como una secuencia de cuatro cuerpos principales: los tres pabellones de hotel y el bloque central que aloja el balneario y el resto de actividades.
A través de este último, se llega al vestíbulo general y a la zona de admisión, donde el programa se desarrolla abrazando los cuatro lados del deambulatorio sobre el vacío de la piscina: vestíbulo y cafetería en el oeste; comedores en el sur; la cocina en la esquina entre ambos, las dependencias culturales y de euritmia en el este; y finalmente, en el norte, las dependencias administrativas.
En el nivel inferior se emplaza el balneario. Descendiendo desde la escalera principal o el ascensor, se llega a la recepción, junto a los salones de hotel. Nuevamente, en torno a los cuatro lados de la piscina se lleva a cabo el programa: vestuarios en un lado, piscina de rehabilitación y gimnasio en el sur; flotabilidad, saunas, maniluvios y duchas circulares junto con la galería de descanso y el solarium, en el este; y en el norte, a través del control de recepción, las consultas y las salas de masajes y baños. Al final de este recorrido, se ubica el corredor de bañeras. Los pabellones de habitaciones se sitúan en el norte del solar para poder captar el mayor número de horas de sol. Entendemos que en una zona tan carente de iluminación natural en determinadas épocas del año resultaba imprescindible una adecuada ubicación y orientación. Así, la cara norte es prácticamente opaca, con pequeños huecos que dejan pasar luz a los pasillos de acceso a las habitaciones, que se abren al sur, situando la cama frente al paisaje. La división en varios bloques apoya el carácter de flexibilidad del conjunto, al tiempo que permite su uso según las estaciones del año, la ocupación hotelera y los usuarios. Por otra parte, la climatología obliga a diseñar espacios cubiertos de estancia, por lo que la relación entre los distintos volúmenes se realiza a través de galerías acristaladas a nivel del jardín inferior, lo que origina áreas de reunión y desahogo.
En la urbanización exterior, además de crear plazas de aparcamiento en superficie, se completa el arbolado existente y se ejecutan los recorridos peatonales desde el balneario y las pastillas de hotel hasta el camino del molino, preservando el carácter de pradera natural que tenía.
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