Transformar el local, ocupado hasta no hace mucho por una conocida empresa de tapizados, en un restaurante es el encargo que debíamos materializar. Éste se desarrolla en planta baja y cuenta con 650 m2 de superficie, con acceso directo desde la calle Leyre.
Así pues, partimos de un espacio formado por dos zonas claramente diferenciadas: la de entrada con forma rectangular y la del fondo que es triangular, disposición ésta muy típica de la morfología urbanística del Ensanche. La conexión entre ambas se realiza a través de dos angostos pasos existentes en el muro que las separaba y un tercero más amplio. Un par de pilares nos ayudarán a organizar y estructurar la distribución interior. La intención del proyecto consiste en crear una atmósfera cálida, relajada y natural, utilizando materiales tradicionales como el gres, la madera de pino o el vidrio y huyendo de cualquier tipo de ornamentación, con una distribución clara y ordenada. Una entrada directa al comedor, al cual se llega tras recorrer un largo pasillo, deja a ambos lados puertas que ocultan espacios privados (vestuarios, sala de máquinas y despacho) y los servicios. La siguiente puerta permite entrar al bar que, a su vez, comunica con ese comedor. Y desde la tercera, se llega al almacén y a la cocina, separando de esta manera las diferentes funciones.
El restaurante cuenta con una superficie abierta y otras cuatro cerradas con vidrio y conectadas visualmente con la primera, que permiten reuniones mas íntimas. Sus dos pilares se aprovechan para organizar la distribución de las mesas y los recorridos. En el bar destaca la barra de hierro y la pared trasera, acabada con pintura negra especial para poder escribir en ella. Sobre dicho mostrador, se encuentran suspendidas unas lámparas de diseño danés, acabadas en cobre, que iluminan únicamente los pinchos.
Los 650 m2 del local están pavimentados con el mismo material, gres de color antracita, aunque el pino-abeto se erige como el protagonista del proyecto, ya que se emplea tanto en los revestimientos verticales, como en los horizontales. El pasillo de acceso directo al comedor está totalmente revestido de madera, consiguiendo que las puertas apenas se perciban. Una sucesión de focos empotrados en el suelo potencian su largura al ser ésta su única iluminación. Los techos se realizan con una base de estructura metálica de la que se suspenden listones también de pino. Toda la carpintería interior continúa en ese mismo material. No obstante, los cierres exteriores se ejecutan metálicos y acabados en pintura epoxi y vidrio transparente para permitir el paso del máximo caudal de luz natural. Los bancos, diseño del equipo, están fabricados en madera chapada de pino, con asiento y respaldo acolchados y forrados en piel. Mesas, sillas y taburetes son de origen nórdico. Con la iluminación interior, se quiso conseguir un ambiente cálido, centrando el haz de las luminarias sobre las mesas y creando una luz general tenue y viva sobre los alimentos. Las lámparas utilizadas son un cordón de seda del que pende un casquillo porcelánico con bombilla incandescente.
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