Los edificios de la Universidad de Deusto siempre han jugado un papel primordial en la configuración de la margen izquierda de la ría, dando así fe de la voluntad de servicio que la institución siempre tuvo para la ciudad: desde hace más de cien años ha sido no sólo la cuna de numerosos profesionales bilbaínos, sino también singular protagonista de su vida cultural. De ahí, que a nadie sorprenda la importancia que los edificios de Deusto tienen en el ámbito de la ría.
Aunque la localización del solar y la configuración urbanística puedan parecer favorables, lo cierto es que la ambivalencia entre las dimensiones de una manzana y las de un edificio exento hacen que el proyecto no resulte fácil. Si a esto añadimos la presencia imponente del Guggenheim, se entenderán las dificultades que han acompañado al arquitecto. Por un lado, el nuevo volumen no debería, en modo alguno, competir con el bien ganado protagonismo del museo; por otro, tendría que mostrar su condición pública y establecer, en lo posible, la deseable continuidad con la universidad. Ambos condicionantes, además, no excluyen que dicha construcción se entienda exenta y con vida propia en el parque.
Estas premisas fueron las que finalmente decidieron al arquitecto a utilizar un material como el pavés, que implica una condición mórbida en el tratamiento de los paramentos y que nos interesaba tanto para no competir con el Guggenheim, como para suavizar el encuentro con el parque. Y es que el pavés va a dar lugar a un volumen monolítico y monocromo, neutro, que no rivaliza con los brillos del titanio del museo y que es capaz de integrarse sin sobresaltos en ese futuro universo verde.
Quizás el rasgo arquitectónico más importante de la biblioteca son sus esquinas redondeadas que dan pie a considerarla como un sólido independiente y autónomo. Dichas esquinas, por otra parte, permiten actuar sobre ellas con más dureza geométrica, erosionándolas mediante facetas ortogonales que posibilitan un vivo contraste con el translúcido pavés debido a su transparencia. Si a esto se añade la atractiva condición de fanal que adquiere al anochecer, momento en el que el Guggenheim se hace presente tan sólo a través de las hendiduras, se entiende que el arquitecto haya quedado seducido por el potencial de este material.
La biblioteca, pues, es un sólido translúcido, pero la distancia que se establece con el edificio de Gehry tras la elección del pavés se reduce cuando se considera lo mucho que el primero está presente a la hora de definir su orientación. En efecto, bien podrá advertirlo quien estudie las plantas, ya que está sutilmente dispuesta hacia él, pagando el debido tributo de pleitesía mediante las salas de lectura que se abren y tienen como telón de fondo su viva volumetría. Esta orientación, por otra parte, se manifiesta en la posición del patio. A nuestro entender, éste refuerza la condición pública del espacio que genera, ayuda a entablar una conexión, siempre viva, con el parque, de ahí que nos sentiríamos satisfechos si la biblioteca fuera considerada como un elemento más del mismo.
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