El edificio se encuentra en un límite claramente definido por el final del tejido residencial de Mendebaldea. Las condiciones del solar y del programa del equipamiento natural no permitieron continuar con el criterio de este barrio, donde los espacios abiertos entre bloques conservan una continuidad visual hacia el horizonte. Otra vez, la posición de límite que debe recoger la construcción obliga a que las esquinas de la misma aparezcan como final de dichos espacios abiertos entre bloques. Esta presencia diversa, junto con una marcada horizontalidad respecto a la posición seriada que conforman las viviendas, provoca una fractura que hace imposible concebirla como algo sólidamente asentado respecto al lugar.
La fragmentación del volumen virtual del inmueble se debe también a la implantación de una nueva área pública, un gran vestíbulo exterior hacia el futuro parque que, con una suave pendiente, define una superficie pavimentada que sería la zona de actos culturales y proyecciones de películas al aire libre. Su posición central también contribuye a organizar la geometría fraccionada de la planta al incorporar la variación, de unos treinta grados respecto al eje norte-sur, que tienen los lados de mayor longitud del solar, paralelos a la calle Benjamín de Tudela.
Así, desde esta implantación, las zonas de más uso por parte del público se encuentran en la planta baja, es decir, audiovisuales, hemeroteca, préstamo cdu y biblioteca infantil. La sala de proyecciones vinculada a la filmoteca y la de exposiciones se sitúan en el sótano, con un amplio vestíbulo común que puede acoger actividades vinculadas a cualquiera de esos dos ámbitos. Los depósitos de fondos documentales se emplazan en un sector que ocupa parte de la primera y de la segunda altura, hacia el norte y el noreste. El área de fondos especializados y locales, así como los audiovisuales del INAAC se distribuyen también entre esos dos pisos, orientados al sur y suroeste, alrededor del espacio público de nueva creación. Finalmente, las dependencias de trabajo se ubican, asimismo, entre ambos niveles, en otro bloque abierto al sur y sureste.
Desde el acceso principal, en la esquina noreste, se definen dos ejes de circulación. Uno de ellos sigue la sección transversal de la construcción y relaciona la zona de acogida con el nuevo espacio público a través de unas rampas y escaleras que conducen a la biblioteca infantil y a las actividades culturales. El otro continúa longitudinalmente y es exclusivo de las estancias de uso común. Éste se conforma mediante una rampa que arranca desde el vestíbulo y relaciona todas las dependencias hasta la segunda planta, donde se entrega a una plataforma interior que se encuentra sobre una de las salas de lectura.
La relación del interior del edificio con el territorio se va modificando con la extensión de los diferentes planos horizontales que, según la orientación, se ve matizada por los diversos elementos de cerramiento vertical. Así, los de los depósitos de fondos documentales, en la esquina norte, son más opacos, permitiendo el paso de una luz tenue hacia el interior, mientras que los de lectura y trabajo se organizan alrededor del espacio público que se abre hacia el suroeste. Las piezas exteriores de las fachadas de estos ámbitos, que procuran una protección solar pasiva de los cerramientos de cristal, también contribuyen a conformar una mirada desde el interior que enmarca la propia realidad material de la biblioteca.
Hacia el parque, la geometría de las superficies de césped conforma la relación de las dependencias de la planta baja con el exterior, que se organiza como umbral entre el bloque y el parque. En una de ellas se encuentra el único árbol que se ha plantado, justo en el límite. Se trata de una especie autóctona de roble que, a medida que vaya ganando porte y tenga la forma que esta especie consigue con el tiempo, se convertirá en el contrapunto orgánico de las mallas geometrizadas del alzado.
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