La Casa del Condestable es considerada Bien de Interés Cultural con categoría de monumento desde 1997. En 1998, se declara su estado de ruina y, poco después, es adquirida por el ayuntamiento que, en 2001, inicia las obras de restauración.
Las reformas sufridas en los siglos XIX y XX habían alterado completamente su fisonomía: se abrieron portales y escaparates, se cubrieron los patios, se construyeron entreplantas, nuevas cajas de escalera para acceder a las viviendas y patios de luces que rompieron los artesonados; se compartimentaron las salas, se bajaron los techos… Así pues, los trabajos de investigación previa comenzaron por desmontar todos los añadidos y recuperar la dimensión y aspecto de las estancias, ya que se sacan a la luz los alfarjes de madera ocultos tras falsos techos. Las fachadas recobran, de este modo, su composición del siglo XVI, incluido el balcón en esquina –según los planos de Pedro Arrieta– donde se traslada una de las dos columnas jónicas que flanquean la escalera principal, que podría ser la original, ya que es similar a la del dibujo del maestro y muestra deterioros propios de la exposición de la piedra a la intemperie. Por otro lado, durante las obras aparecieron importantes hallazgos arqueológicos como una necrópolis visigótica y varios pozos y aljibes. Tras su restauración, el Condestable se convierte en el mejor y casi único ejemplo de la arquitectura civil del siglo XVI con el que cuenta Pamplona. El inmueble sigue el modelo de los palacios renacentistas que disponían de un patio regular, con la escalera principal en un costado y rodeado por estancias que, en este caso, se adaptan a la irregularidad del solar. Por ello, en la planta baja encontramos la secuencia clásica de zaguán, patio principal y jardín o patio trasero, lugar este último en el que se situaban las caballerizas. Del patio del siglo XVI sólo se conservaban ocho de las catorce columnas octogonales, por lo que el resto ha sido reinterpretado, manteniendo la escala y la proporción del original y dotándolo de una cubierta-lucernario con siete grandes vigas de madera. En el antiguo jardín trasero se ubican las comunicaciones y los servicios necesarios para su nuevo uso público.
La primera es la planta noble del palacio. Alberga tres grandes salones de unos 250 m2 cada uno. El principal, el de la calle Mayor, conserva en sus alfarjes, aunque muy deterioradas, policromías de la época con motivos de la mitología clásica. Este espacio y el contiguo también mantienen en sus muros revestimientos decorativos de distintos periodos. Son especialmente notables las decoraciones modernistas de finales del XIX. De menor altura, la planta segunda, la de servicio, tiene un carácter menos representativo. A ella se llegaba desde los salones a través de unas pequeñas escaleras cuya situación original se ignora. Para su nueva función, se le dota de acceso mediante una escalera de madera en el patio, de modo que se reproduce esa circulación claustral. Sus salas contienen todavía grafitos de los años en los que fue residencia episcopal y destaca la galería de arcos apuntados que remata la fachada de la calle Mayor, recuperada tras su hallazgo durante la restauración.
El tercer piso corresponde al edificio anexionado, es decir, a la antigua propiedad de Francés de Beaumont, que contaba desde su reforma en el siglo XVI con un nivel más y que alberga, en cada uno de ellos, cuatro salas de pequeño tamaño. Permanece su composición independiente, aunque resaltándola con un tono diferente en el revoco de cal. De este modo, los dos colores utilizados en las fachadas emparentan con el gris y el ocre de la piedra de Ezcaba, empleada tanto en la mampostería antigua, como en el nuevo aplacado. Finalmente, este inmueble conserva en la planta baja su estructura de origen medieval con tres grandes arcos ojivales. Es, por tanto, la sala más antigua del palacio y de mayor altura –6,6 metros– una vez liberada de los rellenos que igualaban el suelo con la calle. Comunica con un nuevo sótano, excavado bajo el patio y junto a Jarauta, donde se sitúan los almacenes, las instalaciones y los servicios, además de una salida directa al patio de manzana. Al final del pasillo de servicio, se preserva una antigua bodega abovedada.
Criterios funcionales
Una vez fijadas las pautas de intervención y de consolidación del edificio, el proyecto se limita a asignar los usos a los espacios más adecuados. No obstante, el problema radica en la compartimentación de los mismos, ya que la mayor parte de las salas, limitadas por muros de carga, tienen una vocación unitaria definida por el perímetro de los alfarjes de madera, lo que resulta complicado compartimentarlas. Sin embargo, la dimensión más reducida de las estancias de la antigua casa de Francés permite ubicar en ellas las aulas y los talleres de pequeño tamaño, reservando los vastos salones para otras actividades.
Como ya hemos mencionado, el patio trasero posibilita situar en el corazón del palacio un nuevo núcleo de comunicaciones verticales, constituido por una escalera protegida y un gran ascensor. El patio principal mantiene su papel como espacio de distribución, si bien su amplitud y su carácter representativo le permiten acoger exposiciones o eventos en sus distintas alturas.
En la planta baja, el zaguán de entrada recoge el mostrador de recepción e información, al tiempo que conduce al patio del que parte la escalera principal. La crujía más ancha –el antiguo local de Muebles Elósegui– alberga el salón de actos, donde se excava un graderío en pendiente, se aumenta la altura del escenario y se recupera el nivel del pavimento de la sala medieval, lo que facilita la comunicación directa de dicho escenario con los almacenes y los camerinos del sótano. La sala medieval recupera, de este modo, su tamaño y, junto con otros posibles cometidos, se prepara para la danza y actividades similares. Además, debido a su naturaleza polivalente también puede acoger la celebración de fiestas, recepciones, conciertos...
Por otro lado, la implantación del centro cívico en el Condestable es una oportunidad única de recuperar el uso público de su patio de manzana, para lo que se expropia la franja ajardinada elevada que impedía la salida del edificio hacia dicho patio, franja que se pavimenta. Desde él, se entra directamente al vestíbulo que lleva al escenario del salón de actos, a la sala medieval y a los almacenes.
El sótano alberga los aseos generales, los vestuarios y más almacenes. Toda la estructura del patio se sustenta en el nuevo sótano, creado mediante un único pilar central con capitel de hormigón para obtener la máxima superficie. La pequeña bodega que allí se encontraba se utiliza tanto como almacén, como para servir un aperitivo, una comida... En la primera altura, el carácter noble de sus salones la convierten en un espacio ideal para la celebración de exposiciones, aunque también pueden organizarse recepciones o conferencias, mientras que la segunda y la tercera se dedican a talleres de actividades plásticas y manuales y a aulas, así como a una reducida oficina de gestión del propio centro.
Las instalaciones
La introducción de las instalaciones para obtener el confort y la versatilidad necesarios ha requerido un gran esfuerzo conjunto. Además, el no poder ejecutar ni falsos techos, ni dobles tabiques planteó serios problemas, sobre todo, en la climatización del edificio.
De este modo, se instala un sistema completo de climatización de aire en el salón de actos y en la sala medieval. En el resto, la calefacción por suelo radiante en invierno, aunque con posibilidad de refrescarse mediante agua fría en verano, se completa con la impulsión de aire primario de ventilación que puede ser precalentado o enfriado según la estación. La disminución de los caudales de aire necesarios y una menor exigencia en la uniformidad de la distribución permiten llevar los conductos ocultos en todo el inmueble. No obstante, resulta necesario crear un sótano de instalaciones bajo el patio para ubicar los climatizadores de la planta baja, así como un centro de transformación. La primera, segunda y tercera se sirven de los ubicados en las entrecubiertas. En cuanto a la iluminación, su diseño busca potenciar los principales valores del palacio, especialmente sus techos de madera. Estructuras colgadas vistas de dimensiones mínimas proyectan una luz indirecta hacia el techo que resalta los alfarjes y aporta una iluminación general de ambiente. Las mismas estructuras proporcionan luz directa mediante luminarias fluorescentes fijas en los talleres y las aulas, o bien carriles electrificados para los proyectores en las zonas polivalentes y de exposiciones. Los cableados eléctricos e informáticos se registran con canaletas empotradas en el suelo que recorren el perímetro de cada sala.
En definitiva, el Condestable reúne todas las comodidades y prestaciones de una construcción del siglo XXI, manteniendo la apariencia de lo que fue en el XVI.
Una actuación controladamente descontrolada
Albert Regot, arquitecto técnico de 51 años, ha sido el jefe de obra del Condestable. Dejó su trabajo en Barcelona para dedicarse, durante varios años, en cuerpo y alma a la restauración de este palacio: “ya puedes imaginar el reto que representaba para mí esta actuación y ahora que ha terminado sólo puedo decir que me ha enriquecido, personal y profesionalmente, en todos los aspectos”. Junto con los arquitectos que han llevado la dirección de obra, se ha convertido en la persona que mejor conoce cada rincón del edificio del que acaba de entregar sus llaves al Ayuntamiento y que ha trasformado en un centro cívico, aunque está convencido de que este espacio puede acoger otro muchos usos, “con el fin de que las personas interesadas por la historia y sus monumentos aprovechen este espectacular entorno”.
Si nos centramos en su labor como jefe de obra, esta singular actuación, además de que ha sido especialmente bien tratada por sus participantes, ha conllevado una dificultad técnica notable, sobre todo, en el ámbito de la restauración y de la conservación. Su ejecución supuso un planteamiento diferente y, como ya se auguró desde el comienzo, implicó un ejercicio “controladamente descontrolado”. Los trabajos realizados obligaron, una y otra vez, a simultanear “tajos”, de una manera aparentemente arbitraria: “desde la planta baja se iba a la segunda, teniendo que volver de nuevo al sótano. Resultaba imposible acometerlos de forma lógica, debido a las “apariciones” o a los elementos que había que conservar. Por ejemplo, cuando se inició la excavación del sótano surgió la necrópolis, que obligó a efectuar un replanteo de ésta, así como a la extracción de tierras y a la formación de recalces, lo que también provocó que, durante mucho tiempo, operarios y arqueólogos trabajaran simultáneamente con las notables dificultades que eso conlleva”.
Además, según Regot, fueron especialmente complejos trabajos como la consolidación de la estructura que fue uno de los más importantes por la dificultad y el riesgo que entrañaba y que, evidentemente, está fuera de la percepción final dado que toda esta labor ha quedado oculta por la “piel” visible de paredes, techos y suelos.”Hay que destacar la colocación de más de 5.000 grapas, bulones, tirantes… que se han utilizado para estabilizar la estructura existente y crear otra nueva, totalmente solidaria con la primera”. Además debemos mencionar los refuerzos que se realizaron en todo el conjunto del torreón del siglo XIV, donde se ha cambiado completamente el sistema de reparto de cargas estructurales. “Desde la cimentación, que se afianzó mediante recalces e inyecciones de morteros bentoníticos para dar mayor resistencia al terreno, hasta el emplazamiento de un apeo, formado por una viga metálica de 80 centímetros de canto apoyada en los muros de la fachada y en dos pilares metálicos, anclados a su vez a los existentes de piedra, o el sistema de cuelgue del último forjado de la estructura de la nueva cubierta”. Por su parte, las instalaciones obligaron a llevar a cabo un replanteo más que delicado antes de realizar ningún tipo de cerramiento, ya que prácticamente todas debían ir ocultas. “Para ello, se han utilizado las posibles zonas de forjado, muros, paredes y tabiques para albergar cualquier elemento necesario, dejándolo oculto al visitante y al usuario”.
Otro aspecto complicado consistió en el refuerzo de los forjados de madera (exceptuando 200 m2 de la entrecubierta), “son los originales debidamente reforzados, tanto en sus zonas vistas, vigas, solivos, alfarjes… y demás elementos que lo componen, como en la superior donde fue necesario nivelarlos con tacos de madera, colocando unos refuerzos de madera estructural y realizando un cerramiento posterior mediante un tablero densificado, especial para soportar una calefacción radiante y la terminación del pavimento”.
En cuanto a los artesonados, quizás la parte más espectacular y vistosa de esta intervención, se han respetado al máximo y el proceso de recuperación ha sido cuidadosamente adaptado a sus características. “A simple vista, podría parecer que todos son iguales, pero realmente son diferentes en pequeños o grandes matices, lo que hace que su conjunto sea un espectáculo digno de verse”.
En definitiva, tanto la restauración como la recuperación de los elementos de interés histórico-cultural se han realizado mediante un seguimiento exhaustivo de todos sus participantes, desde la dirección de obra hasta los diversos gabinetes de investigación. En concreto, añade Albert, la necrópolis visigoda con los grafitis, especialmente el del Obispo en la segunda planta o el que se descubrió en una sala del primer piso; las pinturas renacentistas, en el techo de la sala principal; y las modernistas, en las paredes de esa misma sala y la contigua. Todo ello constata el interés histórico-artístico del edificio, sin olvidar el componente armónico de los diferentes hallazgos. Por último, hay que hablar del acabado de las paredes, realizado con mortero de cal o de yeso, según la tipología de los paramentos de las salas. “Este aspecto de inacabado que ofrece fue muy complicado de obtener y resultó un arduo trabajo hacer comprender a los aplicadores la textura y el acabado que finalmente se deseaba”, recuerda.
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