El proyecto, una vez definidos los requerimientos funcionales, espaciales y organizativos, busca una imagen extrovertida para atraer la atención del ciudadano, de modo que su completa percepción informe acerca de los diferentes servicios sociales que allí coexisten: teatro, piscinas lúdica y de competición, solarium, cafetería, polideportivo, biblioteca, talleres...
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El proyecto, una vez definidos los requerimientos funcionales, espaciales y organizativos, busca una imagen extrovertida para atraer la atención del ciudadano, de modo que su completa percepción informe acerca de los diferentes servicios sociales que allí coexisten: teatro, piscinas lúdica y de competición, solarium, cafetería, polideportivo, biblioteca, talleres...
Urbanísticamente, el edificio libera hacia el sur una importante superficie, con el objeto de generar un espacio que apuesta por su uso y participación. Casualmente, este nuevo vacío se conforma hacia la calle Landaverde, flujo circulatorio importante que, dada su vinculación con el resto de la ciudad, se convierte, a nuestro modo de ver, en el acceso natural al centro. Ambos se entrelazan, de manera que tanto la infraestructura como el vacío exterior no pueden desligarse: hay un llegar, hay un cruzar y, por último, hay un estar.
Formalmente, se trata de huir de un esmerado estudio de las fachadas, apostando por una imagen irregular y poliédrica de marcado carácter lúdico. Exteriormente y a causa de su variado y diverso orden interior, el inmueble provoca la atención visual del que pasea por ahí. Los distintos usos (teatro, piscina, biblioteca…) se fragmentan de modo independiente para mostrarse frontalmente y transmitir, así, la rica poli-funcionalidad que alberga.
A partir de un volumen compacto, la masa se expande, como si de un fluido se tratara, en dirección a Landaverde. Esta fachada, compuesta por prolongaciones de diferente altura y dimensión, se tranforma en el muro principal, el cual recoge la entrada pública. La relación interior-exterior es biunívoca, dado que los frentes acristalados también introducen la riqueza de la superficie urbana, entendida como un complemento. El interior se ordena siguiendo extensos y rigurosos criterios de funcionalidad, por lo que se articula una disposición que maximiza la simplicidad de los usos y el control de los diferentes locales.
La piscina y el polideportivo, dada su relación y escala, se ubican alineados al norte, generando una geometría “cartesiana” que materializa el resto de usos hacia el sur y, por tanto, de cara al ámbito residencial, de cierta anarquía volumétrica. El resto del programa se organiza espaciadamente a lo largo de un corredor que vincula y separa los diversos servicios. Desde este corredor y tras una serie de cerramientos vidriados, el visitante reconoce las actividades que allí se desarrollan a modo de un sugerente “showroom”.
Este espacio-corredor es el enlace esencial de comunicación, eje vertebral del edificio, lugar de ruido y de relación como una prolongación interna de la plaza. Asimismo y gracias a que la fachada de vidrio llega hasta él, también relaciona visualmente el interior y el exterior, enriqueciendo los desplazamientos y evitando el efecto “galería”.
Y dado que es lineal y que comunica sus tres plantas, aporta dos cualidades: por un lado, una instantánea comprensión del funcionamiento del centro; y por otro, un fácil control del mismo desde el puesto de vigilancia del vestíbulo.
El nuevo volumen se construye a partir de una estructura prefabricada de hormigón armado. Esta elección, amén de por sus reconocidas prestaciones técnicas, se realiza por dos motivos fundamentales: minorar costes y reducir el plazo ejecutivo. Una elección de esta naturaleza podría darle una apariencia de corte industrial, pero hemos entendido que también transmite una robustez y una rudeza que convierte los espacios en locales neutros, donde las distintas funciones podrían rotar o reinventarse indefinidamente.
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