La situación del edificio en el terreno responde a criterios de funcionalidad y racionalidad: favorecer futuras ampliaciones, buscar la mejor orientación para cada una de sus unidades y establecer una comunicación peatonal y visual con los espacios públicos que lo envuelven.
A su vez, las estancias del centro se organizan según una secuencia de tres unidades diferenciadas: un bloque de acceso y dependencias comunes, otro de personal situado junto al de servicios y un gran núcleo que alberga las áreas de los niños. Todas se articulan en torno al local de usos múltiples, que se muestra como lugar de relación e interconexión. La localización de dichas unidades funcionales y de los espacios abiertos y cerrados atiende a las conveniencias que dictan la accesibilidad, la orientación y la geometría de la parcela. De este modo, las aulas vuelcan al sureste, con una fachada acristalada de suelo a techo, abierta hacia el patio de luz y de juegos, que se protege mediante una marquesina longitudinal.
La parte más compacta del edificio, la de las zonas comunes y de servicios, se concentra en el alzado noroeste, que da a la plaza y posee un carácter más urbano, por lo que incluye el acceso principal, singularizado por el retranqueo de la planta. Sucesivas decisiones completan la configuración de la propuesta y definen el centro infantil, pudiendo destacarse, acaso, la alternancia de cerramientos de vidrio transparente y traslúcido en pos de la optimización de las condiciones de iluminación natural y de sus diversas estancias; la aparición de unos lucernarios sobre las aulas orientados hacia la luz del norte, con el fin de mejorar dicha iluminación; y la simplicidad del diseño de los espacios de relación y de comunicación favoreciendo, en todo momento, su legibilidad, comodidad y amplitud.
La situación del edificio en el terreno responde a criterios de funcionalidad y racionalidad: favorecer futuras ampliaciones, buscar la mejor orientación para cada una de sus unidades y establecer una comunicación peatonal y visual con los espacios públicos que lo envuelven.
A su vez, las estancias del centro se organizan según una secuencia de tres unidades diferenciadas: un bloque de acceso y dependencias comunes, otro de personal situado junto al de servicios y un gran núcleo que alberga las áreas de los niños. Todas se articulan en torno al local de usos múltiples, que se muestra como lugar de relación e interconexión. La localización de dichas unidades funcionales y de los espacios abiertos y cerrados atiende a las conveniencias que dictan la accesibilidad, la orientación y la geometría de la parcela. De este modo, las aulas vuelcan al sureste, con una fachada acristalada de suelo a techo, abierta hacia el patio de luz y de juegos, que se protege mediante una marquesina longitudinal.
La parte más compacta del edificio, la de las zonas comunes y de servicios, se concentra en el alzado noroeste, que da a la plaza y posee un carácter más urbano, por lo que incluye el acceso principal, singularizado por el retranqueo de la planta. Sucesivas decisiones completan la configuración de la propuesta y definen el centro infantil, pudiendo destacarse, acaso, la alternancia de cerramientos de vidrio transparente y traslúcido en pos de la optimización de las condiciones de iluminación natural y de sus diversas estancias; la aparición de unos lucernarios sobre las aulas orientados hacia la luz del norte, con el fin de mejorar dicha iluminación; y la simplicidad del diseño de los espacios de relación y de comunicación favoreciendo, en todo momento, su legibilidad, comodidad y amplitud.
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