Autor/es: Mangado y Asociados / Accésit Zenotz (Navarra)
La idea de la claridad y el poder arquitectónico, demostrado en los asentamientos adyacentes, siempre ha estado presente en el proyecto. Por encima de los materiales o de determinadas configuraciones expresivas, ha sido el principio de la volumetría clara como manera de relacionarse con el entorno lo que inspira la propuesta. Una claridad que invade no sólo la manifestación externa, sino también la organización estructural y constructiva de los edificios. Junto a ello, otra reflexión intensamente arquitectónica está detrás del centro hípico.
La idea de la claridad y el poder arquitectónico, demostrado en los asentamientos adyacentes, siempre ha estado presente en el proyecto. Por encima de los materiales o de determinadas configuraciones expresivas, ha sido el principio de la volumetría clara como manera de relacionarse con el entorno lo que inspira la propuesta. Una claridad que invade no sólo la manifestación externa, sino también la organización estructural y constructiva de los edificios. Junto a ello, otra reflexión intensamente arquitectónica está detrás del centro hípico.
La mezcla de escalas, la manera de jugar con ellas y de relacionarse, la necesidad de combinar grandes espacios de entrenamiento o de cuadras, con otros más menudos de carácter doméstico argumenta la decisión fundamental de que todos los usos, independientemente de su tamaño, aparezcan recogidos y configurados en esos volúmenes únicos y totales, coherentes a su vez con la idea de claridad y rotundidad a la que nos hemos referido en la reflexión anterior. De esta manera, las casas que albergan las personas que trabajan y entrenan en el complejo no se diferencian de la volumetría, casi de granja agrícola, definida para contener las pistas de entrenamiento o las cuadras si no que, por el contrario, se ubican integradas en su interior sin establecer distinción alguna, ya que ello hubiera significado una fragmentación poco compatible con el paisaje natural y arquitectónico del valle. Los materiales juegan un papel importante. La sustitución de los habituales y tensos muros enfoscados y pintados de blanco de los caseríos y las granjas de ganado por la chapa de color aluminio permite, combinada con la madera de roble de las carpinterías, de los revestimientos verticales y de los pavimentos, un juego de gran valor expresivo. El proyecto de paisaje básicamente sigue las directrices de las parcelaciones del valle. Líneas de robles dividen los lotes, configurando prados longitudinales que siguen, más o menos, una directriz perpendicular al río, el Ultzama, donde todavía se pueden encontrar truchas y nutrias y que delimita la finca. Ahora, estos prados están llenos de caballos.