La propuesta plantea una serie de volúmenes cúbicos modulares, en sucesión discontinua, aunque rítmica y repetitiva, que permite contemplar la avenida de Tolosa, el parque de Ibaeta y las estribaciones de la falda del monte Igueldo, así como animar sus fachadas con la luz del sol que se filtra por dichas fragmentaciones. Estos bloques se resuelven en aluminio, con un tipo de pintura con profundidad que, según incida el sol sobre ellos, adquiere un suave tono dorado en alusión a ese material, el oro, tan ligado a la investigación de la materia.
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La propuesta plantea una serie de volúmenes cúbicos modulares, en sucesión discontinua, aunque rítmica y repetitiva, que permite contemplar la avenida de Tolosa, el parque de Ibaeta y las estribaciones de la falda del monte Igueldo, así como animar sus fachadas con la luz del sol que se filtra por dichas fragmentaciones. Estos bloques se resuelven en aluminio, con un tipo de pintura con profundidad que, según incida el sol sobre ellos, adquiere un suave tono dorado en alusión a ese material, el oro, tan ligado a la investigación de la materia.
Los cuerpos se ordenan paralelos a la avenida, en dos crujías estructurales, una anterior y otra posterior. El conjunto se asienta sobre una gran terraza elevada 1,6 metros sobre la calle –frente al canal de los Juncales que conduce las mareas de la playa de Ondarreta– resuelta en piedra basáltica negra. Su función es doble: primero, protegerlo de las avenidas de agua, ya que en su interior, en el semisótano, se localiza el área nano con equipos de gran valor; y segundo, ordenar y relacionar las distintas construcciones creando una amplia terraza de acceso que garantice el buen funcionamiento de las circulaciones internas, al tiempo que permita asomarse a la avenida. En esta zona de planta baja se localizan los usos más públicos como el salón de actos, la biblioteca y la sala de interacción.
El automóvil y la velocidad son los protagonistas de la entrada principal a la ciudad. La sencillez volumétrica y la repetición, así como esa terraza elevada permiten una lectura clara, rápida y fácil de la ordenación propuesta, tranquila y amable desde Ibaeta. Los módulos cúbicos cuando se aproximan a la plaza se independizan de la directriz curva y generan la torre, siguiendo la estructura formal del proyecto en su trazado ortogonal y continuando la segunda crujía de volúmenes en sucesión. Esta torre, singular y exenta aunque su modulación y su ritmo pertenezcan a la edificación, se implanta sobre la terraza, atendiendo a la definición arquitectónica de la plaza y también a la amplia zona de acceso a Nanogune que se brinda, como lugar público, a la ciudad. En ese mismo nivel se localiza, ya en el interior y en primer término, un amplio lobby-sala de exposiciones, que define la clara vocación del centro científico de conectar con los ciudadanos.
La estructura horizontal del zócalo-terraza da digna respuesta a la presencia del canal de los Juncales con su borde enérgico asomándose a la avenida de Tolosa, pero también al bosque y al lago del parque de Ibaeta, creándose espacios de interés sobre dicha estructura. Ésta consta, asimismo, de una base acristalada, que relaciona los diferentes volúmenes del edificio como la torre y una serie de cubos en sucesión separados y unidos, al mismo tiempo, por fisuras-patios de iluminación abiertos al exterior. Terrazas amplias, en la planta primera, que sirven de expansión al comedor y que permiten comer y leer en el exterior, constituyen un elemento más de ese diálogo que se pretende establecer con el paisaje.
Un parking subterráneo de dos niveles bajo la torre soluciona futuros crecimientos, mientras que los accesos rodados se realizan desde la calle Illarra, perpendicular a la avenida.
Se tiene especial cuidado en el tratamiento de las cubiertas ya que, por un lado, la torre culmina opticamente el tejado del segundo piso, donde se sitúan la mayor parte de las instalaciones y, por otro, el parque también tiene dominio visual sobre éstas al insertarse en una topografía ascendente, siempre desde el punto de vista de la contaminación acústica, ya que toda la maquinaria situada allí se envuelve con la prolongación de los frentes mediante una pérgola fotovoltaica en el techo y una malla metálica de protección. Y es que en este proyecto la cubierta conforma la quinta fachada.
Los alzados se conciben en doble capa. Una interior, más convencional, como ventilada. Otra exterior, que tiene una estructura de aluminio “perfil nariz” de extrusión, generando una textura de rastreles verticales sobre la que se sujeta la piel de aluminio ondulado que protege los aislamientos, a veces perforada delante de la zona vidriada interior, aunque no en las caras ciegas, y con protección solar; mientras que otras veces, la chapa ondulada se sustituye por lamas de vidrio a la altura de la vista. Entre las dos hay un espacio intersticial que posibilita que el aire caliente ascienda, creando una circulación vertical por convección que abarca toda la fachada originando una especie “de edredón térmico” que mantiene a temperatura constante la capa interior.
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