El conjunto fortificado de Pamplona, construido entre los siglos XVI y XVIII, es uno de los recintos abaluartados mejor conservados de toda Europa al que, como ocurrió en otras ciudades, le llegó su ocaso en el siglo XIX, debido a su asincronismo útil y, sobre todo, al gran crecimiento demográfico que exigía una ampliación de la trama urbana.
Sin embargo, diferentes motivos han permitido que actualmente Pamplona cuente con la mayor parte de sus elementos defensivos prácticamente intactos. Y esta situación, que en ocasiones puede ser motivo para decidir no abordar determinadas actuaciones, puede llegar a convertirse en una oportunidad para incrementar el valor de aquellas que se lleven a cabo.
Siguiendo esta última premisa, el Ayuntamiento de Pamplona comenzó a trabajar en el año 2006 en un importante plan de actuación para la recuperación de todo el recinto fortificado de la ciudad y la mejora de su entorno. Un plan diseñado sobre tres ejes principales. El primero de ellos dirigido a realizar las actuaciones específicas de conservación y restauración del bien material. El segundo a llevar a cabo mejoras funcionales del entorno en parámetros como vivienda, dotaciones, espacios públicos y mejoras de movilidad y accesibilidad. Y el tercero centrado en la dinamización del propio recinto amurallado con el objeto de divulgar sus valores históricos y arquitectónicos tanto a ciudadanos de Pamplona como a visitantes.
Conservación y restauración del monumento
La pérdida del valor defensivo del recinto amurallado de Pamplona unido a las necesidades de expansión de la ciudad llevó a que sus murallas pasaran a convertirse en un problema para la ciudad. Alguno de sus elementos defensivos como los baluartes de San Antón y la Victoria y los revellines de Santa Teresa y Santa Lucía de la Ciudadela o el baluarte de la Reina en el lienzo sur, fueron destruidos. La parte restante, que se mantuvo, dejó de conservarse y la vegetación fue invadiendo poco a poco los lienzos creando una muralla verde sobre la propia muralla de piedra.
Con el paso de los años la vegetación fue evolucionando llegando a enraizar de tal modo entre las juntas de los sillares lo que en algunos casos provocó problemas de estabilidad en los lienzos de los elementos defensivos.
La conservación fue prácticamente inexistente y a comienzos del siglo XXI se toma conciencia de la progresiva degradación a la que estaba sometido el monumento. A partir de este momento comienza la búsqueda de fondos para hacer frente a esta importante inversión. En primer lugar, entre los años 2003 y 2008, se acometieron las obras de restauración del conjunto denominado Frente de Francia, compuesto por algunos de las estructuras defensivas más singulares de todo el recinto amurallado (baluartes del Redín, de Guadalupe y del Abrevador y revellín de los Reyes), así como las de reconstrucción del revellín de Santa Lucía unidas a la construcción de la nueva estación de autobuses de Pamplona, actuación de la que se dará cuenta más adelante. Durante el año 2009 se actuó en el conjunto de la Taconera, donde se restauraron los fosos del propio baluarte de la Taconera, el revellín de San Roque y los restos del antiguo Baluarte de Gonzaga en el que se ha urbanizado el paseo de Ronda del frente norte de la ciudad entre la cuesta de La Reina y el Portal Nuevo.
Hace escasamente dos meses se finalizó la obra de restauración del revellín de Santa Clara (con su contraguardia, foso, contraescarpa y camino cubierto) perteneciente a la Ciudadela de Pamplona, que junto con el conjunto de la Taconera es uno de los elementos defensivos en los que más urgente era su intervención causada por el deterioro producido por la vegetación.
En todas estas actuaciones los procesos seguidos han sido muy similares: numeración y retirada de aquellos sillares con riesgo de desprendimiento, eliminación de la vegetación existente y aplicación de biocidas, reposición de sillares, limpieza de los lienzos mediante cepillado y rejuntado con mortero de cal hidráulica.
Mejoras funcionales
La calidad constructiva y social de los centros históricos que se encuentran en el interior de recintos amurallados, siempre suele estar ligada a la calidad del propio conjunto amurallado.
De los diferentes estudios realizados en relación a la problemática del Casco Antiguo de Pamplona se desprende que el deterioro del mismo aumenta a medida que nos aproximamos a los límites del recinto amurallado (paseo de Ronda). Ello es debido, en gran parte, al efecto de “fondo de saco” generado por su orografía, lo que dificultaba la conexión con el resto de la ciudad y por lo tanto lo convertía en un espacio poco transitado. Sin embargo, estas zonas son las que cuentan con mayor potencial de cara al turismo y al ocio, tanto por sus valores históricos como por sus características espaciales y privilegiada situación.
Dentro de las políticas de revitalización de ciudades y centros históricos es fundamental actuar con decisión para dotarlas de condiciones funcionales apropiadas a la vez que se preservan los valores culturales que las caracterizan. Para ello se ha trabajado en cuatro líneas principales: movilidad y accesibilidad, espacios públicos, aparcamientos y dotaciones.
Movilidad y accesibilidad
Con el objeto de transformar el borde las murallas en un lugar de paseo y ocio, se han priorizado actuaciones encaminadas a las mejoras de movilidad y accesibilidad. En este momento la totalidad del paseo de Ronda, que acompaña a los lienzos de muralla en su parte superior, es transitable y la gran mayoría accesible. De esta forma, se ha conseguido un paseo de casi cinco kilómetros de longitud en los que los lienzos de la fortificación sirven de límite al parque urbano que los acompaña. En esta línea de actuación se ha reurbanizado el paseo correspondiente al parque de la Media Luna, ronda de la Barbazana y baluarte del Redín, frente de Francia o de la Rochapea y frente del antiguo baluarte de Gonzaga, consiguiéndose recuperar la continuidad histórica perdida.
También se ha optado por incorporar elementos mecánicos para salvar los 30 metros de desnivel existentes entre los barrios del norte de la ciudad situados “extramuros”. Así, en 2008 concluyeron las obras de construcción de dos elevadores que, a través de una galería que atraviesa el talud y el lienzo de la muralla, salvan la diferencia de cota existente entre el barrio de la Rochapea y el Casco Antiguo y desembarcan en un edificio dotacional que incorpora un restaurante-mirador y varias salas de exposiciones. Esta actuación, junto con otras llevadas a cabo recientemente, han permitido consolidar un eje comercial importante que atraviesa el Casco Antiguo en su dirección norte-sur comunicándolo con otra áreas peatonales del Segundo Ensanche.
Dentro también de las actuaciones para la mejora de la movilidad han comenzado a ejecutarse las obras de construcción de una pasarela peatonal que permitirá, a la vez que se mejora la continuidad del paseo de Ronda, comunicar de un forma más inmediata y libre de barreras el Segundo Ensanche de la ciudad con el Casco Antiguo.
Otra iniciativa que sigue esa línea de actuación es la construcción en la misma zona de un ascensor urbano que potenciará la conexión mecánica entre el Casco Antiguo y Segundo Ensanche con el Parque Fluvial del Arga, finalizado recientemente.
Aparcamientos y espacios públicos
Es habitual que los recintos amurallados se correspondan geográficamente con los centros históricos de las ciudades, por lo que las intervenciones en los mismos, como es el caso de Pamplona, suelen ir ligadas a labores de peatonalización y reurbanización de estos centros. La eliminación progresiva del aparcamiento en superficie como consecuencia de estas labores obliga a la construcción de nuevas plazas en enclaves próximos facilitando, por tanto, el aparcamiento de residentes y visitantes. Se trata de una necesidad que repercute directamente en su poder de atracción.
El baluarte de Parma, conocido también como las Huertas de Santo Domingo, es uno de los espacios que el Plan Especial de Protección y Reforma Interior del Casco Antiguo de Pamplona señala como susceptible de acoger un estacionamiento en el subsuelo ligado a la construcción de un espacio público superficial. Recientemente, finalizó la redacción del proyecto que posibilitará la eliminación de un aparcamiento en superficie ubicado sobre el baluarte de Parma para convertirlo en un espacio público que albergará en su subsuelo un aparcamiento subterráneo y un polideportivo. Por otro lado, la necesidad de dar respuesta al desarrollo demográfico en el interior de las fortificaciones obligó al crecimiento en altura de las viviendas dando lugar a una trama muy densa formada por edificaciones de una única crujía de gran profundidad y calles muy estrechas.
A la vez que se han potenciado una serie de medidas para impulsar la actividad de rehabilitación edificatoria, ha sido necesario recuperar espacios públicos para el vecindario, que sirven para oxigenar la propia trama urbana edificatoria. Entre estos espacios es importante destacar los resultantes de la urbanización del paseo de Ronda o la recuperación de una superficie verde superior a 30.000 metros cuadrados restituyendo el antiguo glacis de la Ciudadela, que se había transformado en aparcamiento de vehículos en superficie, actuación ligada a la construcción de la nueva estación de autobuses.
Dotaciones
Se han realizado actuaciones ambiciosas en lo que afecta a la cualificación de aquellos espacios vacíos que en algún momento soportaron estructuras pertenecientes al recinto amurallado que, con el objeto de permitir la evolución de la ciudad o la construcción de instalaciones militares más modernas, fueron derribadas. La construcción de la nueva estación de autobuses ha sido un brillante ejercicio de integración de nuevas dotaciones recuperando la estructura formal del propio monumento. En 2005 comenzaron las obras de esta infraestructura que se “esconde” junto al monumento, ocupando el subsuelo de su desaparecido glacis. La cubierta de la estación se convierte en una gran lámina verde que como si de un ejercicio de papiroflexia se tratase se pliega junto con la estructura para reconstruir los elementos defensivos -glacis, camino cubierto, contraescarpa y foso- del revellín de Santa Lucía de la Ciudadela de Pamplona que años atrás habían desaparecido para posibilitar el desarrollo de la ciudad mediante la construcción del Primer Ensanche y de nuevas infraestructuras militares.
En este caso, aunque debían ser compatibles, la función y la construcción quedaban al servicio de la forma. Todo ello derivado de la necesidad de reconstrucción literal de la envolvente del monumento.
La restauración de otras edificaciones, algunas ligadas a la propia fortaleza, para convertirlas en dotaciones públicas ha permitido introducir uso con capacidad generadora de actividad en el entorno próximo a la murallas. Entre ellas está la restauración del antiguo Palacio Real como Archivo General de Navarra o el antiguo hospital Militar como sede del Departamento de Educación del Gobierno Foral. Delante de este último, junto al baluarte de Parma, se conformará, como se ha comentado anteriormente, una nuevo espacio público que, siguiendo un proceso similar al de la estación de autobuses, será capaz de albergar en el subsuelo un aparcamiento y un polideportivo.
Mejoras dinamizadoras
Una ciudad con este potencial tiene y debe estar orgullosa de las murallas en las que lleva escrita su historia y que acabaron definiendo su desarrollo urbano.
En palabras de la alcaldesa de Pamplona, Yolanda Barcina, “la evolución histórica de la ciudad es en gran medida la historia de la intervención en sus murallas, en un continuo proceso de construcción, mejora, transformación y, también, de destrucción”. Por ello es fundamental darla a conocer de tal modo que sirva como elemento de atracción turística y cultural de la ciudad. En este sentido, uno de los últimos proyectos que se ha comenzado a ejecutar es la restauración y rehabilitación del fortín de San Bartolomé, último elemento construido de la fortificación y que cuenta con entidad propia, como Centro de Interpretación de las Fortificaciones de Pamplona.
Al margen de permitir ser conocido en sí mismo, la incorporación de diversos recursos expositivos audiovisuales en sus espacios interiores abovedados, será la base para la explicación, de forma didáctica, participativa y adaptada a los diferentes públicos, del nacimiento, la evolución y el mantenimiento (como etapa final) de las fortificaciones de la ciudad a lo largo de los siglos. Además, se pretende acercar al visitante no sólo hasta las fortificaciones como obra de ingeniería (o arquitectura) militar, con su correspondiente explicación constructiva, sino también darle una visión global del momento social, del entorno humano, de la forma de vida de las gentes que las habitaban, de sus tradiciones y cultura, además de relacionarlas con otras fortificaciones españolas, europeas o americanas del momento.
Este centro terminará de conformar uno de los enclaves estratégicos de la ciudad en el que confluyen el Parque Fluvial del Arga, el recorrido del encierro y uno de los extremos del recinto amurallado -los principales exponentes del patrimonio natural, patrimonio inmaterial y patrimonio material de Pamplona- creando una nueva zona cultural de referencia en la ciudad.
Reflexiones finales
Dentro de las políticas de revitalización de ciudades y centros históricos es fundamental actuar con decisión para dotarlas de condiciones funcionales apropiadas a la vez que se preservan los valores culturales que las caracterizan. Es posible preservar el patrimonio cultural de las ciudades a la vez que se realizan mejoras de infraestructuras y dotaciones que impidan la pérdida de vitalidad de las mismas.
Siguiendo el ejemplo de actuación en las fortificaciones de Pamplona queda demostrado que es posible conseguir que las murallas, que en su momento fueron concebidas con función de límite, pasen a convertirse en un nexo de unión entre barrios, en una muralla urbana capaz de adaptarse a los nuevos tiempos incorporando nuevas dotaciones. Ha habido muchos debates y planes sobre cómo actuar en recintos amurallados, pero pocas son las ciudades en las que se ha pasado del mundo de las ideas a la realidad. Pamplona es una de ellas, es un referente tanto en la conservación de su patrimonio como en la integración de nuevos usos junto a sus murallas.
Hoy es el día en que, lejos de ser un estorbo para los ciudadanos, las murallas de Pamplona han sabido incorporar modernas dotaciones a la vez que se han convertido en un espacio de esparcimiento para sus habitantes.
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