Intervenir en la ciudad a través de la concreción de una obra arquitectónica. Dar una respuesta al lugar donde se encuentra, dialogar con las calles y edificios que lo rodean. Rehabilitar, volver a habilitar algo devolviéndolo a su antiguo estado, aunque sin dejar de ubicarlo en el tiempo al que pertenece y en el que se desarrolla. Éstas son las premisas que se tienen en cuenta en la intervención de este edificio de la calle General Chinchilla.
Realizada en 1900 por Manuel Martínez de Ubago, se trata de una construcción modernista, de las pocas que quedan en Pamplona. Inicialmente, se erigió para albergar viviendas, aunque ha sufrido diferentes y agresivas transformaciones a lo largo de sus más de cien años. De ahí, su estructura, la distribución de los espacios y su ornamento, elemento fundamental y característico del modernismo.
[+]
Intervenir en la ciudad a través de la concreción de una obra arquitectónica. Dar una respuesta al lugar donde se encuentra, dialogar con las calles y edificios que lo rodean. Rehabilitar, volver a habilitar algo devolviéndolo a su antiguo estado, aunque sin dejar de ubicarlo en el tiempo al que pertenece y en el que se desarrolla. Éstas son las premisas que se tienen en cuenta en la intervención de este edificio de la calle General Chinchilla.
Realizada en 1900 por Manuel Martínez de Ubago, se trata de una construcción modernista, de las pocas que quedan en Pamplona. Inicialmente, se erigió para albergar viviendas, aunque ha sufrido diferentes y agresivas transformaciones a lo largo de sus más de cien años. De ahí, su estructura, la distribución de los espacios y su ornamento, elemento fundamental y característico del modernismo.
Antes de comenzar, la toma de datos del interior del inmueble resultaba fundamental: quitar las capas una a una estudiándolas, descubrir piezas que no estaban a la vista y llegar a la estructura del mismo, una estructura de madera que, aunque de modesto material, deja entrever una perfecta ejecución, una estructura robusta que ha aguantado el uso y el paso del tiempo y que, hoy en d, pero en esta ocasión de vigas laminadas que trabajan de modo solidario con los elementos estructurales existentes. El volumen, de esta forma y lejos de perder su identidad en el proceso de intervención, se afianza y consolida. La distribución primitiva constaba de pequeñas células habitables ordenadas alrededor de la escalera principal, iluminada a través de un patio interior. Esta organización se mantiene aprovechando esas células para convertirlas en aulas de aprendizaje de instrumentos. Las estancias, pequeñas, recuerdan a las habitaciones de las viviendas que había en origen.
Éstas, junto con dicha escalera principal, son los espacios más significativos y más interesantes de la rehabilitación.
Sin embargo, la actividad a la que se destina el edificio requiere clases de mayor tamaño para determinadas disciplinas, que se ubican en la parte trasera. Además, para disponer de esas dependencias diáfanas se realiza un importante y delicado trabajo estructural eliminando los pilares. Estas dos formas de organizar la superficie quedan claramente diferenciadas por una escalera que discurre a lo largo de todas las plantas y que funciona como distribuidor.
También se lleva a cabo una importante labor de búsqueda y de investigación de colores, pinturas, escayolas... Es una tarea casi “arqueológica” en la que se estudia la decoración de las construcciones de la época: embellecer, adornar y proporcionar decoro a los diferentes espacios. Por ello, en el desmontaje del edificio se recuperaron las cornisas de escayola con motivos geométricos y florales de los techos de las viviendas. Asimismo, aparecieron pinturas murales en las paredes de los balcones, así como papeles pintados. La recopilación y el análisis de estos elementos ayudaron a tomar decisiones sobre dicha decoración, rehabilitando parte de las escayolas y reconstruyendo y consolidando, de manera fidedigna, los murales de los balcones. Los colores utilizados, tanto para las fachadas como para los interiores, han sido cuidadosamente elegidos procurando dar unidad al conjunto.
Una de las piezas recobradas es el cimborrio del torreón circular. Tras examinar las fotografías antiguas en blanco y negro que se conservaban, se realiza una reinterpretación del mismo, colocándolo otra vez. Estructura de madera laminada, escamas de zinc y colores nuevos que entonen conforman las premisas para restituir un elemento tan especial y significativo.
En definitiva, la escuela es el resultado de una transformación respetuosa con los espacios, la estructura, el aspecto y el espíritu del inmueble original.
[-]