El proyecto se genera a partir de las determinaciones geométricas y de orientación de la parcela, por un lado, y de las prescripciones establecidas en el programa de necesidades, por otro. Asimismo, para mejorar la accesibilidad y la claridad de las circulaciones y eliminar las barreras arquitectónicas, el programa se desarrolla en una única planta, estableciendo una rasante común para todo el centro infantil.
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El proyecto se genera a partir de las determinaciones geométricas y de orientación de la parcela, por un lado, y de las prescripciones establecidas en el programa de necesidades, por otro. Asimismo, para mejorar la accesibilidad y la claridad de las circulaciones y eliminar las barreras arquitectónicas, el programa se desarrolla en una única planta, estableciendo una rasante común para todo el centro infantil.
La sencillez y claridad de la solución adoptada, su simplicidad funcional y constructiva, así como su uniformidad formal permiten resaltar la calidad de los espacios exteriores e interiores. Asimismo, la localización de las diferentes unidades funcionales atiende a las condiciones dictadas por la orientación de la parcela: a partir de un eje longitudinal, los cuatro módulos infantiles se disponen en un esquema en peine, conformando una secuencia de estancias cerradas y abiertas (patios), que nos permite conseguir unas óptimas condiciones de soleamiento, iluminación y ventilación para cada unidad.
La entrada principal se produce desde la calle Aoiz. Tras atravesar una cancela cortavientos que comunica con el cuarto de silletas, llegamos al distribuidor principal, eje vertebrador del conjunto. Éste cuenta con doble iluminación: una secuencia de ventanales con captación directa desde los patios y un lucernario corrido a doble altura que, al tiempo que introduce la luz del norte, le aporta un carácter singular.
El distribuidor, por tanto, organiza y relaciona el edificio y conduce a las diferentes áreas o bloques. La primera, la zona de niños repartida en ocho salas agrupadas por edades en cuatro módulos dobles y orientadas al suroeste, buscando el soleamiento y la protección. A continuación, la de comedor-usos múltiples, que se ubica estratégicamente junto al vestíbulo principal y cuenta con acceso directo tanto desde el propio distribuidor (niños), como desde la cocina. La tercera, las dependencias de personal, situadas al norte, que se desarrollan longitudinalmente de modo paralelo a la calle Aoiz, protegiendo al resto del edificio a modo de “filtro” o barrera frente a los ruidos, el viento o el frío. Y finalmente, el área de servicios (cocina y lavandería), en el extremo noroeste, que dispone de entrada directa e independiente y se comunica con la sala-comedor. En definitiva, las estancias infantiles, agrupadas por módulos, constituyen conjuntos en los que se busca la integración entre aulas, talleres, patios y dormitorios con la máxima funcionalidad para niños y educadores. Si bien el edificio presenta una imagen unitaria y compacta, las fachadas tratan de dar una respuesta adecuada a las diferentes situaciones urbanas que se presentan en la parcela. La parte más compacta, correspondiente a las zonas comunes y de personal, se concentra en el alzado norte, generando hacia la calle Aoiz una apariencia abstracta en la que los lucernarios emergen decididamente sobre la cubierta, cobrando un protagonismo especial en la composición del conjunto y dotando a este muro de una mayor escala. La sencilla y precisa composición de los huecos ayuda a identificar la entrada en la fachada más “pública”, que trata de ofrecer una imagen dinámica y continua en un entorno exterior caracterizado por la propia geometría curva de la calle y la secuencia de espacios libres y dotacionales.
Por otro lado, las zonas infantiles ocupan los frentes sur y oeste del solar de escasa presencia urbana, por lo que configuran alzados con un carácter más intimista y recogido, caracterizados por la secuencia de llenos y vacíos creada por los patios de juego.
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