El edificio, del siglo XI, está situado en la margen izquierda del río Arga. Reconstruido a finales del XV y principios del XVI, inicialmente se denominó molino de San Miguel, pero pronto pasó a llamarse de Caparroso al convertirse en propiedad de Pedro de Caparroso en el XV. Más tarde, en 1848, Salvador Pinaquy lo transformó en fundición de aperos de labranza, donde trabajó Julián Gayarre y, a finales del XIX, fue adquirido por la compañía El Irati y pasó a ser una central eléctrica de vapor montando una turbina y construyendo la chimenea de ladrillo.
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El edificio, del siglo XI, está situado en la margen izquierda del río Arga. Reconstruido a finales del XV y principios del XVI, inicialmente se denominó molino de San Miguel, pero pronto pasó a llamarse de Caparroso al convertirse en propiedad de Pedro de Caparroso en el XV. Más tarde, en 1848, Salvador Pinaquy lo transformó en fundición de aperos de labranza, donde trabajó Julián Gayarre y, a finales del XIX, fue adquirido por la compañía El Irati y pasó a ser una central eléctrica de vapor montando una turbina y construyendo la chimenea de ladrillo.
Ahora, propiedad del Ayuntamiento de Pamplona, se decide rehabilitarlo por su ruinoso estado. Así, el proyecto debía contemplar dos aspectos fundamentales: el primero, la recuperación de los restos existentes, respetando las trazas de la historia, la evolución del edificio y sus sucesivas reformas y ampliaciones; y el segundo, dónde ubicar el programa de necesidades, de forma que la actuación se perciba como una transformación del inmueble, pero con respeto hacia lo ya construido. En definitiva, se pretende lograr el equilibrio en todos los aspectos de la obra (morfología, materiales, estructura...) mediante la contraposición de lo nuevo, el prisma rectangular, con las preexistencias: horizontalidad-verticalidad, ortogonal-orgánico, liviano-pesado, voladizo-muro de carga, transparencia-opacidad, aunque recuperando su carácter de mirador sobre el río.
En ese sentido, como contraposición con los lienzos de mampostería de la torre y de la ruina y lejos de una reconstrucción mimética del molino, se propone un prisma ligero envuelto por lamas fijas u orientables que se posa sobre la zona más deteriorada, sin tocar los muros perimetrales y volando sobre el cauce del Arga. La conexión entre este nuevo volumen y el resto de la construcción se realiza a través de pasarelas acristaladas. Se respetan los espacios mejor conservados (torre y chimenea), rehabilitándolos para incorporarlos a la escuela de piragüismo.
En cuanto a su funcionamiento, la planta baja (inundable) acoge el almacén de piraguas, los aseos adaptados, una sala de instalaciones y un local de mantenimiento y de salida al cauce del río. La primera, con acceso directo desde la calle, alberga los vestuarios y aseos, un área de musculación, el bar-cafetería y la escalera hacia los pisos superiores. Por último, en la segunda y tercera altura, situadas en la torre, se encuentran las oficinas de la escuela.
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