Los servicios de mantenimiento del ayuntamiento, así como las distintas ramas de la escuela taller se encontraban dispersos en varias bajeras y naves de alquiler, lo que provocaba una menor efectividad. Además, la previsión apuntaba a un incremento significativo de la población en Ripagaina, lo que implicaría el aumento de la demanda. Por todo ello, resultaba patente la necesidad de crear nuevas instalaciones para dichos servicios.
El edificio se compone de dos volúmenes diferenciados, que contienen las funciones especificas municipales, por un lado, y de la escuela taller, por otro.
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Los servicios de mantenimiento del ayuntamiento, así como las distintas ramas de la escuela taller se encontraban dispersos en varias bajeras y naves de alquiler, lo que provocaba una menor efectividad. Además, la previsión apuntaba a un incremento significativo de la población en Ripagaina, lo que implicaría el aumento de la demanda. Por todo ello, resultaba patente la necesidad de crear nuevas instalaciones para dichos servicios.
El edificio se compone de dos volúmenes diferenciados, que contienen las funciones especificas municipales, por un lado, y de la escuela taller, por otro.
El mayor de ellos, que sigue un trazado curvo acompañando el vial de la calle Bizkarmendia, está compuesto por una serie de franjas grises y rojas sobre el hormigón, agrupadas como familias que se despliegan como un abanico de colores. El resultado es un bloque dinámico, juvenil y atractivo, que representa la diversidad y el carácter de las actividades que se llevan a cabo en su interior. En él se ubican cinco aulas y cuatro talleres, con sus respectivos servicios de administración, aseos, vestuarios, etc. No obstante, estas instalaciones pensadas para la escuela taller no se ha ejecutado en su totalidad, puesto que la intención del ayuntamiento es que los propios alumnos, en un proyecto conjunto, construyan las dependencias que van a utilizar, por lo que todavía permanece vacío. Anexo, perpendicular al mismo y en ángulo recto, surge el segundo volumen, de menor tamaño. Acoge en su interior un uso más industrial, motivo por el que su fachada se diseña con bandas blancas y negras, más sobria y discreta que la nave principal. De este modo, en ella se emplaza un gran almacén para materiales, así como diversos talleres de fontanería, soldadura, albañilería, jardinería y otros gremios de mantenimiento, además de vestuarios, oficinas y zona de esparcimiento. Bajo las dos construcciones, un gran sótano servirá para el aparcamiento de los vehículos y de aquéllos retirados por la grúa. Asimismo, ambas acotan un espacio destinado a dos campas de almacenamiento de materiales de construcción, empleados por los trabajadores y por los alumnos de la escuela.
La presencia de la edificación en el entorno es muy significativa. Por ello, el proyecto tiene en cuenta este aspecto planteando una fachada colorida, llamativa, dinámica y plenamente visible desde la ronda. En definitiva, se pretende un volumen con una imagen representativa, utilizando los medios formales y constructivos de la arquitectura industrial prefabricada, puesto que se trata de un contenedor en cuyo interior se ejercen las labores propias de la construcción.
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