El convento de las Benedictinas se construyó en la segunda mitad del siglo XVI. La iglesia se erigió en la década de 1670, según el esquema convencional de planta de cruz latina, nave de seis tramos, crucero y cabecera recta. El interior es sencillo y austero, con pilastras lisas y cornisa moldurada sobre la que se sitúa la cubierta. Ésta se traduce en bóveda de lunetas, capilla mayor, brazos de crucero y sotocoro. Sobre el crucero se alza una cúpula decorada por unas fajas y sostenida por pechinas con pinturas figurativas. El exterior, orientado a la calle San Felices, está construido con sillares, ladrillo en el alero y moldura abocelada destacando, por su interés, la portada.
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El convento de las Benedictinas se construyó en la segunda mitad del siglo XVI. La iglesia se erigió en la década de 1670, según el esquema convencional de planta de cruz latina, nave de seis tramos, crucero y cabecera recta. El interior es sencillo y austero, con pilastras lisas y cornisa moldurada sobre la que se sitúa la cubierta. Ésta se traduce en bóveda de lunetas, capilla mayor, brazos de crucero y sotocoro. Sobre el crucero se alza una cúpula decorada por unas fajas y sostenida por pechinas con pinturas figurativas. El exterior, orientado a la calle San Felices, está construido con sillares, ladrillo en el alero y moldura abocelada destacando, por su interés, la portada.
En 1999, con el convento en malas condiciones de habitabilidad se lleva a cabo una operación urbanística mixta entre el ayuntamiento, las religiosas y la iniciativa privada de forma que, en parte de la superficie que ocupaba, se construyen viviendas, las religiosas se trasladan a otra ubicación y el ayuntamiento se queda con la iglesia. Asimismo, se crea una plaza en el espacio de la fachada sudoeste y se reconstruye la arcada de la planta baja del claustro.
No obstante, es en el año 2005 cuando el consistorio decide acometer este proyecto y programa las obras en dos fases. Una primera de rehabilitación, que consiste en la reforma y sustitución parcial de la cubierta de la iglesia que se encontraba en muy mal estado, en la renovación de los forjados de las galerías y en la ejecución de la escalera del muro sudoeste y su correspondiente cerramiento.
La segunda fase, la de adecuación, corresponde al tratamiento interior integral del edificio y a la recomposición de sus fachadas. El alzado que quedó al descubierto tras el derribo del convento se conforma según un mosaico romano del siglo II. Este mosaico (16 m2) fue recuperado durante las obras de demolición y data de la ciudad romana de Iluberri (Lumbier). Otra pequeña parte del mismo se coloca embebida en el pavimento interior.
El programa, con el objetivo de recuperar el patrimonio arquitectónico, se desglosa en dos usos diferenciados, aunque compatibles entre sí: por una parte, como equipamiento sociocultural (nave y galerías); y por otra, como club de jubilados (crucero). Ambos disponen de acceso independiente, aunque existe una conexión entre ellos.
La conservación de la entidad volumétrica y constructiva del conjunto resultaba fundamental, por lo que el criterio consistió en no alterar sus características y en introducir contenedores para las nuevas funciones. Por ello, la intervención en un templo del siglo XVII se plantea de forma que el espacio original interior siga teniendo la continuidad visual de su envolvente. La entreplanta que se dibuja en la nave tiene sus paramentos verticales de vidrio y se soporta sobre una liviana estructura de acero exenta respecto a los viejos muros. Asimismo, la separación con el crucero se realiza con pantalla de vidrio, siempre con el fin de potenciar la sugerente visión de las bóvedas originales. Se ocupan dos de sus lados para diferentes usos, cobijados en “cajas de madera” con la estructura de acero a la vista y preparadas para contemplarse desde el pavimento (mármol verde) de la planta baja, pero también desde la entreplanta. La preocupación por el confort acústico es el origen de que gran parte de los revestimientos de los muros y de que todos los falsos techos se proyecten con placas de alta absorción. Se potencia el valor espacial de las bóvedas mediante un color grana intenso. Para el resto, se opta por una tonalidad suave y uniforme, que se funde con la del revestimiento acústico.
Con respecto a la escalera, se elige una imagen sobria con cierto aire monástico, que se obtiene mediante brechas de luz conformadas con pavés y un ladrillo similar al de las galerías del claustro y al paño de la fachada. Ésta se ejecuta como acceso al espacio sociocultural.
En el exterior y con el fin de romper la impermeabilidad visual, así como propiciar el tránsito en el claustro se rasgan los huecos de los arcos que, con la reordenación urbanística, se realizaron con zócalo de hormigón.
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