El edificio se ubica –como muchas nuevas construcciones de este tipo– en “tierra de nadie”, espacios frontera entre diferentes áreas de desarrollo urbano. Un lugar que no pertenece a ninguno de los tres ámbitos que lo rodean: zona industrial, antiguo frente –trasera– de circunvalación y un gran centro comercial. De algún modo, supone una charnela urbana entre ellos y posiblemente su razón de ser. Así, este emplazamiento lo convierte en “puerta” o espacio de referencia de las tramas urbanas consiguiendo, quizás, su fuerza por esta peculiar ubicación donde el “paisaje” siempre ha sido esencialmente plano: fábricas, almacenes, barracones...
[+]
El edificio se ubica –como muchas nuevas construcciones de este tipo– en “tierra de nadie”, espacios frontera entre diferentes áreas de desarrollo urbano. Un lugar que no pertenece a ninguno de los tres ámbitos que lo rodean: zona industrial, antiguo frente –trasera– de circunvalación y un gran centro comercial. De algún modo, supone una charnela urbana entre ellos y posiblemente su razón de ser. Así, este emplazamiento lo convierte en “puerta” o espacio de referencia de las tramas urbanas consiguiendo, quizás, su fuerza por esta peculiar ubicación donde el “paisaje” siempre ha sido esencialmente plano: fábricas, almacenes, barracones...
La normativa establece un doble uso de la superficie disponible, por lo que dos tercios se destinan a oficinas y uno a hotel. La propiedad estableció, desde el principio, la construcción de dos volúmenes diferentes, aunque unidos por los bajos comerciales. El espacio libre resultante se destinaría a lugar público, generando una plaza como entrada.
La propuesta opta por construir un bloque cúbico para el hotel y un paralelepípedo rectangular –16 alturas– paralelo a la calle de penetración a la ciudad, de modo que acompaña el gesto de acceso que proclama la avenida.
La geometría establece una volumetría de compensación entre ambos: una torre y un cubo, un volumen esbelto compensado con otro compacto y cúbico. Los dos establecen una composición complementaria y serena a la vez, provocando la única “tensión urbana” en la zona y apostando por “hacer ciudad” desde la arquitectura, dada la imposibilidad del urbanismo.
Así, la solución propone una doble escala urbana: una cercana, doméstica y otra a nivel de hito o referencia, acorde con la encrucijada del entorno.
Se pretende ofrecer una lectura unitaria de la actuación, a pesar de la diferente geometría, volumetría y uso de los dos edificios. Para ello, se utilizan materiales similares, pero con configuraciones distintas. Celosías de aluminio envuelven las fachadas vidriadas, permitiendo una doble lectura: la unificación de los dos cuerpos y la percepción de la composición de cada uno en función del ángulo de visión. Desde lejos o desde enfrente, la celosía desaparece y se exhibe la caja interna de vidrio y sus matices; la percepción escorada ofrece una construcción compacta, de “grano grueso”, que perfila la pura geometría de cada bloque.
El proyecto refleja el propio sistema constructivo empleado y su imagen es reflejo y reconstrucción de sí mismo: suma de estratos de hormigón, “rellenos” de cajas de vidrio –uglass– y celosía de aluminio que envuelve y protege del sol y del viento. Supone un riguroso ejercicio constructivo, buscando la máxima sencillez y la mayor eficacia funcional con materiales económicos y de nulo mantenimiento.
Éstos se adecuan al lugar y a la propia geometría, aportando una nueva escala de lectura urbana no solamente por las dimensiones, sino por la búsqueda de un “grano” y una “textura” que trascienda la propia escala doméstica interior. El “pixelado grueso” de color que ofrecen los vidrios y la del pliegue del “deployé gigante”, junto con su propia coloración metalizada claro-oscura establecen un doble código capaz de reaccionar desde dentro como usuario o desde fuera cerca-lejos como conductor o peatón.
[-]