El primero de los argumentos que determinan la propuesta consiste en atenerse al principio de sectorización del volumen, según lotes longitudinales perpendiculares a las calles que tratan de respetar las directrices fijadas por el PEPRI para la parcela. No obstante, la ejecución del centro hidrotermal, atendiendo a la exigencia de la vía interior, se complementa con un segundo argumento clave
la idea que rige el diseño de la sección del bloque principal.
De acuerdo con este planteamiento, dicha sección se concibe compacta, agrupando y relacionando aquellos espacios de mayor significado y tamaño que tienen un mayor protagonismo en lo relativo a la imagen y a la utilización de la nueva dotación deportiva, recreativa y de salud. La idea redunda en proyectar un gran contenedor lineal que atraviesa la parcela de lado a lado y acumula todas las estancias de cierta entidad del programa, especialmente las piscinas, así como las relacionadas con los usos termales, con un tratamiento atractivo y cofortable facilitando, además, su intercomunicación no sólo funcional, sino también espacial y visual. En efecto, se trabaja la sección de modo que tales lugares se relacionen entre sí mediante el aprovechamiento de las contigüidades que se crean, convirtiendo esta posibilidad en argumento central de su diseño y en una baza concreta para alcanzar, en ellos, cotas específicas y diferenciales de calidad, amenidad e interés.
De la aplicación y combinación de estos dos argumentos fundamentales, se deduce la caracterización de la volumetría del centro. Se tiene, a la postre, un edificio dividido en dos partes por una calle interior, eventualmente atravesada por pasos elevados.
En todo caso, esas dos partes se resuelven según tres pabellones enfrentados de características específicas. El primero de ellos constituye un bloque relativamente simple, un paralelepípedo que actúa como un gran contenedor donde se aprietan esos espacios como excavados en clave escultórica. Y éste encuentra frente a sí una arquitectura de menor dimensión en buena parte de su desarrollo, pero con una fachada enteramente paralela a él y de similar contundencia y claridad geométrica que comprime, contra los medianiles y los límites del lado más irregular del solar, aquellas estancias que completan el programa al servicio del inmueble mayor. En ellos se acumulan las zonas de recepción, acceso y control, la cafetería, las áreas administrativas y de personal y los vestuarios, aparte de los gimnasios y las superficies de circulación.
La fachada de la calle interior se abre mediante huecos y tratamientos extensivos de un cierto grado de transparencia que, por una parte, intentan resolver las necesidades de iluminación y ventilación natural y, por otra, aportan amenidad, interés y atractivo al pasaje de la citada calle. Sin embargo, los alzados de San Agustín y La Merced buscan combinar una serie de argumentos idóneos para su diseño, si no obligados, atendiendo a las circunstancias
se conciben fragmentados verticalmente, en sintonía con lo dicho anteriormente respecto a su volumetría y lotificación medieval, lo que redunda en la estructura de los muros de las calles del casco antiguo.
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