El objetivo prioritario de la propuesta estriba en configurar un equipamiento docente que se convierta en punto de encuentro para formar a las nuevas generaciones. Se trata de crear un espacio de relación académica y personal que se aproveche de las cualidades del lugar en el que se emplaza.
El edificio debe erigirse como el elemento representativo del entorno, capaz de configurar un espacio para el conocimiento, la excelencia académica, el encuentro y la interrelación social. No se trata sólo de resolver una serie de requerimientos programáticos de manera eficiente, sino de originar lugares ricos que motiven el estudio y animen a la formación, así como a la afabilidad en las relaciones entre los miembros de la comunidad universitaria. Por otro lado, se busca la mayor flexibilidad de usos, la posibilidad de ejecutar las obras en etapas y la factibilidad de un futuro crecimiento, según unos criterios de orden claramente definidos.
Todo esto se materializa en un conjunto arquitectónico conformado por un bloque lineal, compacto, paralelo a la carretera de Tarazona –el aulario–, entendido como eje vertebrador en el que se insertan una serie de piezas: algunas más bajas, otras de mayor altura, unas más largas, otras más cortas –la administración, la biblioteca, el salón de actos, la cafetería o las aulas especiales–, provocando una sucesión de maclas de gran riqueza espacial. Finalmente, dos volúmenes más independientes, pero vinculados al principal, definen las áreas específicas de Ingeniería Técnica Industrial y Fisioterapia. De este modo, el eventual crecimiento del campus poseerá bases sólidas sin que los elementos comunes varíen su posición y su relación en el conjunto. Se configura un espacio versátil, capaz de expresar, a través del empleo intencionado de los materiales y del juego entre las escalas, tanto los edificios y la luz, como la complejidad de funciones y de relaciones humanas que alberga y que pretende fomentar.
Son los bloques que se maclan con el aulario los que anuncian el acceso a la universidad y los que rompen su solidez, provocando una gran penetración transparente que explota en el hall y se extiende hacia el patio posterior, hacia el verde del parque y a las vistas que se pierden en la silueta de las Bardenas. Por ello, una construcción tan compacta y definida se vuelve aquí absolutamente permeable. El vestíbulo se convierte en el punto de rotura, en el núcleo vivo desde donde se advierte todo lo que ocurre. Se concibe como el corazón de la propuesta, el punto de encuentro entre la dureza del área más cercana a la carretera y la ligereza del parque, entre los que llegan y los que se van.
La biblioteca, con sus planos profusamente retranqueados y sus huecos aleatoriamente recortados, adquiere un protagonismo especial, ya que se erige como el “núcleo del saber” encabezando la organización del campus y convirtiéndose en un hito que anuncia su presencia e invita a entrar.
Funcionalmente, podemos entender estas instalaciones como la suma de tres partes diferenciadas. En primer lugar, el aulario, de planta baja y dos alturas, con sus volúmenes maclados donde se desarrollan las zonas comunes de las dos carreras. En la baja, el vestíbulo nos lleva a la administración, a la cafetería, al salón de actos y a algunos servicios comunes como reprografía y aseos. En la primera, se sitúa parte de las aulas, que se completan en la segunda. Además, desde el primer piso se llega a la biblioteca, en la que se encuentra una zona de guardado de libros, otra de lectura de doble altura y conectada con ésta pero ya en el segundo nivel, un área de estudio más privada. A continuación, el bloque de ingeniería se organiza en sótano y dos alturas y está unido al anterior. Su gran longitud, la necesidad de ubicar una entrada de mantenimiento en los talleres y la topografía del terreno, que desciende hacia una acequia, resultan decisivos a la hora de elegir la cota a la que se asienta, -3,65, ya que consigue su adaptación al solar, unos accesos convenientes y una imagen menos dura en la zona más cercana al aulario al encontrarse semienterrado. Un patio interior separa los talleres de los departamentos, posibilitando su iluminación y ventilación, al tiempo que aleja la parte más ruidosa de la de estudio y trabajo, que requieren mayor concentración.
Finalmente, el de fisioterapia conforma la tercera parte de este proyecto. Más reducido, desarrolla su programa en planta baja y primera y también está vinculado al aulario.
El edificio se expresa a través de la utilización intencionada de determinados materiales que realzan la relación existente entre los volúmenes y las funciones que alberga, homogeneizándolos en algunos casos y contrastándolos en otros. Placas de hormigón prefabricado –en el aulario, ingeniería y fisioterapia–, ladrillo de color gris –macizo en el salón de actos y en las aulas especiales sobre la cafetería y en celosías en administración–, panel sandwich en los talleres…, diferencias que colaboran a su lectura de intenciones.
Y como hito en el lugar y como centro del saber, la biblioteca, simple en su concepto, aunque de compleja expresión a través de los paneles prefabricados de hormigón con diversos gradientes de espesor y puntuales perforaciones de alabastro que, al colocarse “ordenadamente desordenados”, nos brindan una imagen rotunda, pero a la vez llena de diversidad, en donde los rayos del sol juegan un papel preponderante. En el exterior, las sombras arrojadas por los distintos espesores de los paneles dibujan un paisaje que se renueva con el paso de las horas y, por la noche, la luz que sale a través de los huecos de alabastro actúa como un faro que anuncia a la universidad desde lejos. En el interior, una atmósfera intimista, con esa luz penetrando a través de variadas aberturas, siempre cambiante según el momento, incita a la concentración y al estudio.
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