El proyecto pretende generar una atmósfera –y por tanto un universo (no un comercio)– en este pequeño local de 30 m2 en el centro de la ciudad, cuya geometría rectangular, profunda y estrecha debe contener los elementos de una joyería.
Representa un pequeño agujero negro dentro del magma urbano, retoma la arcaica concepción mágica que envuelve al universo de la joya, de lo valioso, de lo único y de lo extraño y propone –frente a los habituales colmados con escaparates abarrotados de joyas– un envoltorio donde se expongan las piezas valiosas como únicas, exclusivas…
Para ello se genera una atmósfera misteriosa, extraña… hueca, ingrávida y, a la vez, oriental y contenidamente barroca, lo que se origina mediante una geometría que cubre como un cofre, como un joyero, capaz de albergar con la delicadeza y el misterio que requiere la pieza valiosa, única.
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El proyecto pretende generar una atmósfera –y por tanto un universo (no un comercio)– en este pequeño local de 30 m2 en el centro de la ciudad, cuya geometría rectangular, profunda y estrecha debe contener los elementos de una joyería.
Representa un pequeño agujero negro dentro del magma urbano, retoma la arcaica concepción mágica que envuelve al universo de la joya, de lo valioso, de lo único y de lo extraño y propone –frente a los habituales colmados con escaparates abarrotados de joyas– un envoltorio donde se expongan las piezas valiosas como únicas, exclusivas…
Para ello se genera una atmósfera misteriosa, extraña… hueca, ingrávida y, a la vez, oriental y contenidamente barroca, lo que se origina mediante una geometría que cubre como un cofre, como un joyero, capaz de albergar con la delicadeza y el misterio que requiere la pieza valiosa, única.
Se pretende que el acceso a ese espacio y la búsqueda del objeto valioso se convierta en un viaje mágico y atrayente al cruzar el umbral del misterioso joyero –ya no se trata de ir a comprar joyas–. Por un lado, la entrada a un acto solemne: el rito de búsqueda de un pequeño tesoro desconocido, escondido...; y por otro, atravesar la línea que emboca hacia lo misterioso y lo mágico (hay resonancias teatrales: algunos tratamientos de la bóveda recuerdan a los telones oscuros, la iluminación escenográfica que puntúa y acentúa exclusivamente…).
La caja se conforma mediante la macla de dos secciones estrudidas contrapuestas: la superior, oscura, mate, ligera y vibrante; y la inferior, plateada, brillante, pesada y rígida.
La oscura se consigue mediante una U asimétrica invertida que genera, a modo de bóveda, una sección estrudida creando, de este modo, el techo y los laterales –asimétricamente–: propone una lectura de cortinaje-telón plisado, misteriosamente plegado. El otro diedro conforma el suelo y el mobiliario lateral tras el mostrador central, creando una L tumbada. Se idea como una superficie plegada, desgastada, brillante, profunda…
Un mostrador flotante –casi en el eje– es el único objeto interior de la caja. Su diseño rememora arcaicos objetos –arcones, altares…–, repletos de inscripciones que, en este caso, pueden leerse con la mano, son táctiles –braille– y proporcionan claves para entender el mundo de la orfebrería y la alquimia vinculados a este lugar.
El suelo se configura mediante gruesas planchas de metal: fundición de aluminio con un gran despiece (100 x 60), cuyo laborioso proceso de trabajo para conseguir piezas diferentes –manchas continuas y un único dibujo general–, a través de moldes que proporcionen diferentes texturas, supone imbuirse en esa atmósfera pretendida, tanto en el resultado como en el proceso, más cercano a la alquimia que a los habituales sistemas constructivos.
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