El solar en el que se erige presenta una situación de choque entre dos contextos: hacia un lado, el entorno edificado que desemboca en una plaza dura y extensa; y hacia el otro, el ámbito natural que comienza con un parque que crece hacia el sur. Plaza y parque se dan la espalda y quedan separados por un cinturón de asfalto.
El nuevo ayuntamiento pretende servir de nexo de unión entre ambos contextos, diluyendo sus límites. Para ello, se convierte en un híbrido edificado y asimila los caracteres contrapuestos que aquí confluyen, lo que produce cierta “ósmosis” del edificio con el lugar. El resultado no es un mimetismo suave ni una ruptura radical, sino una “infiltración” instalada de común acuerdo entre los dos ambientes.
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El solar en el que se erige presenta una situación de choque entre dos contextos: hacia un lado, el entorno edificado que desemboca en una plaza dura y extensa; y hacia el otro, el ámbito natural que comienza con un parque que crece hacia el sur. Plaza y parque se dan la espalda y quedan separados por un cinturón de asfalto.
El nuevo ayuntamiento pretende servir de nexo de unión entre ambos contextos, diluyendo sus límites. Para ello, se convierte en un híbrido edificado y asimila los caracteres contrapuestos que aquí confluyen, lo que produce cierta “ósmosis” del edificio con el lugar. El resultado no es un mimetismo suave ni una ruptura radical, sino una “infiltración” instalada de común acuerdo entre los dos ambientes.
Este volumen, como reflejo de la voluntad e intereses públicos, se convierte en un modelo de interacción con el entorno, al tiempo que proporciona a los ciudadanos mecanismos de respuesta ante los retos energéticos que nos aguardan alimentando, a su vez, su responsabilidad ética y social.
Se conforma a través de una superposición de envolventes. La interior, de rigurosa geometría, está compuesta por una doble piel traslúcida separada por una cámara de aire garantizando, así, la disminución del consumo energético y lumínico. A ésta, se le superpone una celosía metálica de forma orgánica por donde crecerá la vegetación, una “nube” que variará su densidad y sus colores durante el año.
El lienzo o fondo vegetal lo compone la parra virgen (Veitchii), planta que trepa y cubre la fachada en verano, protegiendo al edificio de la radiación solar y que sirve, también, de mecanismo refrescante. En otoño adquiere unos espectaculares tonos rojizos y en invierno, siendo caducifolia, deja pasar la luz del sol calentando la cámara de aire de la doble piel interior.
Como cualquier vegetal, el bloque hunde sus raíces en el suelo, en este caso para obtener energía geotérmica suficiente para poder suplir las necesidades de calefacción y refrigeración. Todos sus sistemas, climatización, ventilación, iluminación…, están regulados e interrelacionados con el fin de minimizar el coste energético y de mantenimiento, ya que posee su propio metabolismo.
Finalmente, la nueva casa consistorial conforma un ente vivo en plena transformación. Un ser que será percibido no como algo inerte, sino como un paisaje que cambia, que marca el transcurso de los días y las estaciones. En definitiva, un índice de la vida cotidiana y de los ciclos vitales de los ciudadanos.
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