Un local de planta rectangular (5 x 16 metros), alargado y a doble altura con una pequeña fachada a la Gran Vía (cinco metros) y otra, de mayor dimensión (16), a un pasaje interior que conecta la avenida con una de sus calles perpendiculares, República Argentina. Un lugar oscuro, tímido al exterior y poco visible para su carácter comercial.
Unos clientes jóvenes, abiertos a nuevas propuestas, nos marcarán unas pequeñas premisas. Modernizar la imagen, la exposición y el espacio de la óptica, respetando un programa funcional propio de este tipo de negocio: zona de atención al público, área expositiva, gabinete, despacho, almacén, laboratorio y un pequeño aseo.
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Un local de planta rectangular (5 x 16 metros), alargado y a doble altura con una pequeña fachada a la Gran Vía (cinco metros) y otra, de mayor dimensión (16), a un pasaje interior que conecta la avenida con una de sus calles perpendiculares, República Argentina. Un lugar oscuro, tímido al exterior y poco visible para su carácter comercial.
Unos clientes jóvenes, abiertos a nuevas propuestas, nos marcarán unas pequeñas premisas. Modernizar la imagen, la exposición y el espacio de la óptica, respetando un programa funcional propio de este tipo de negocio: zona de atención al público, área expositiva, gabinete, despacho, almacén, laboratorio y un pequeño aseo.
La primera intención consistía en que el establecimiento se abriera, resultara transparente, invitara a entrar y tuviera una presencia notable desde Gran Vía, como un imán. Y por otro lado, que iluminara y saneara un pasaje casi muerto por su poca actividad.
Como si de una caja preciosa, delicada y de cristal se tratase, sus fachadas se diseñan de vidrio transparente, sin perfilería, con un acceso principal desde la calle y otro para minusválidos desde el pasaje.
Una superficie continua blanca, como una lámina de papel, se va doblando para adaptarse al recinto –con una estructura existente muy marcada– y al programa. Con este planteamiento, se consigue una uniformidad en la intervención y una imagen de choque, curiosidad, rechazo o sorpresa.
La iluminación debía ser sensible a su actividad y enfatizar esa lámina blanca plegada: por una parte, una luz directa de dentro hacia fuera albergada en dicha lámina que, iluminando las exposiciones, nos invita a entrar; y por otra, indirecta, de recogimiento, situada detrás de la lámina y que nos indica que la labor ha acabado por hoy. Así como la superficie blanca se dobla en todo el espacio del local adaptándose a él, algo similar sucede con el mostrador y con la zona de atención al público.
Un armario de DM lacado en blanco, alargado, se recoge en sí mismo en el mostrador y se abre en la atención al público para incluir las mesas. Un cubo de metacrilato blanco retroiluminado integrado en el mueble nos servirá, por uno de sus lados, para exponer y alumbrar la fachada del pasaje, y por el otro, para contener cajones.
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