Este estacionamiento subterráneo pretende resolver la enorme demanda de aparcamiento de la zona, un entorno residencial de alta densidad surgido en los años sesenta y setenta. El proyecto aporta el mayor número de plazas en óptimas condiciones de espacio, accesos, recorrido y evacuación, pero también se convierte en un espléndido argumento para potenciar el exterior, público y de convivencia. Por ello, se distinguen una serie de premisas funcionales y sociales: se diseña un elevado número de estacionamientos con buenas comunicaciones y una gran plaza pavimentada donde jugar, pasear, leer, correr, conversar…, resolviendo los puntos de encuentro mediante bulevares, recorridos y accesos cercanos.
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Este estacionamiento subterráneo pretende resolver la enorme demanda de aparcamiento de la zona, un entorno residencial de alta densidad surgido en los años sesenta y setenta. El proyecto aporta el mayor número de plazas en óptimas condiciones de espacio, accesos, recorrido y evacuación, pero también se convierte en un espléndido argumento para potenciar el exterior, público y de convivencia. Por ello, se distinguen una serie de premisas funcionales y sociales: se diseña un elevado número de estacionamientos con buenas comunicaciones y una gran plaza pavimentada donde jugar, pasear, leer, correr, conversar…, resolviendo los puntos de encuentro mediante bulevares, recorridos y accesos cercanos.
Respecto al aparcamiento, la propuesta incluye un total de 430 plazas en tres plantas bajo rasante. Se ubica entre las traseras de los edificios de la avenida Sancho el Fuerte y Bayona. Las circulaciones interiores son sencillas, procurando simplificar los circuitos y dando continuidad a las rampas para reducir tiempo y, con ello, consumos.
Por su parte, la urbanización ordena un espacio muy condicionado por el lugar por lo que, en cierto modo, imita el ya existente, pero reinterpretándolo e imprimiéndole carácter. Así pues, dicha urbanización se divide en tres zonas: una plaza de estancia alrededor del frontón, el paseo Bayona-Barañáin y el entorno con los inmuebles existentes.
La primera (que no se modifica) mantiene su carácter, desentendiéndose del terreno más inmediato a través de parterres elevados, que confieren nuevos límites, más ordenados y uniformes que las bajeras. Ajustándose en su anchura, emergen los casetones de las comunicaciones verticales. Estos elementos, ejecutados íntegramente en vidrio y acero, aportan colorido y son las únicas regencias en altura. Se completa con una zona de juego para niños, que se separa del frontón, ya que una ventilación sale al exterior y formaliza un banco corrido.
El otro punto principal del proyecto es el paseo que une ambas avenidas (Barañáin y Bayona). Éste se mantiene con parterres crecientes en la alineación frente al colegio mayor e incluye un área de relación, un filtro entre el paseo y la plaza, porque resultaban demasiado independientes y ahora, a través de este nuevo tamiz, dialogan aportando una sensación de dinamismo y quietud. Ese tamiz se compone de parterres a nivel de suelo que intercalan puntos de estancia con bancos. La vegetación se convierte en el auténtico invitado, combinando diferentes variedades de especies, colores, aromas…
El resto de la superficie la comprenden los espacios intersticiales entre las zonas anteriormente mencionadas y los edificios que allí se erigen. Éstos son irregulares, por lo que como único objetivo se igualan con una nueva pavimentación que uniformiza y con una iluminación idéntica al resto de la plaza. Se completan con la rampa de acceso al garaje, ubicada en la esquina oeste y con entrada desde la avenida Sancho el Fuerte.
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