El Puente del Tercer Milenio, que sobrevuela el río Ebro al oeste de la ciudad de Zaragoza, responde a la tipología de arco atirantado por un tablero inferior (bow-string). Está construido casi íntegramente en hormigón blanco de alta resistencia y tiene un ancho tipo de tablero de 43 y 216 metros de luz principal, dimensiones que lo convierten en el puente de hormigón de mayor luz construido hasta la fecha empleando esta tipología estructural.
El emplazamiento de la obra en una zona como es el meandro de Ranillas, inundable y con unas características hidrogeológicas de gran complejidad, es sensiblemente distinto al del resto de los puentes existentes en la ciudad. Estos condicionantes han llevado a plantear un puente que salve el cauce en un único vano (a diferencia del resto de los puentes de Zaragoza) como garantía máxima para evitar problemas de socavación e inundaciones en una zona tan sensible y de tan imprevisible comportamiento hidráulico. La pobre capacidad portante del terreno, de una gran heterogeneidad y más de 40 metros de profundidad hasta alcanzar roca, impide el planteamiento de soluciones estructurales que transmitan reacciones horizontales importantes a su cimentación, como, por ejemplo, el arco clásico empotrado en el terreno.
Pensando en facilitar el acceso desde las márgenes, evitando dividirlas con largas rampas de aproximación, se ha buscado situar la cota de la rasante de la nueva estructura tan próxima al agua como fuera posible. Al mismo tiempo es necesario respetar los criterios de desagüe hidráulico, permitiendo el libre paso de la gran avenida esperable, en términos estadísticos, en un período de tiempo de 500 años (5.200 m3/s). Estas dos premisas llevan a la necesidad de proyectar un puente con un tablero muy esbelto, del mínimo canto posible, para lo que necesariamente la estructura principal deberá estar por encima de él.
Para resolver los condicionantes planteados existen, fundamentalmente, dos alternativas tipológicas razonables: un puente de tablero atirantado con cables rectos y la solución elegida de puente arco atirantado por el tablero. La gran ventaja de la solución proyectada respecto la atirantada, es que permite responder a los condicionantes exigibles de manera más compacta, al poder salvar la luz principal de 216 metros en un único vano (sin los vanos de acompañamiento que requiere un puente atirantado, del orden de un 40% de la luz, lo que llevaría a una estructura de 390 metros de longitud) y con una altura sobre el río reducida (la solución atirantada requeriría torres de unos 85 metros sobre el tablero frente a los 36 que se eleva el arco). Esta solución, además de suponer una estructura de mayor entidad geométrica y calidad urbana, sigue la línea de identidad de los puentes arco que caracterizan al Ebro a su paso por Zaragoza. Y su altura moderada evita crear un impacto visual excesivo en la imagen clásica de la ciudad, huyendo competir o entrar en conflicto con su máximo icono, la Basílica del Pilar, con torres de 80 m de altura máxima.
La solución estructural es además compatible con la mala calidad geotécnica de las márgenes del Ebro en la zona de Ranillas, ya que transmite únicamente reacciones verticales al terreno que pueden trasladarse hasta niveles con adecuada capacidad portante mediante pilotes.
Por lo que respecta al material utilizado, una serie de razones técnicas, estéticas y económicas han llevado a la elección del hormigón blanco como material principal para su construcción. Prácticamente todo el puente es de hormigón, a excepción de las aceras peatonales, formadas por un pavimento de madera sobre costillas de acero y cubiertas por una galería acristalada con estructura de acero inoxidable, además de los tirantes de cuelgue y sus anclajes.
Una de las razones para proyectar el puente este material es la búsqueda de un buen funcionamiento de amortiguación dinámica de la estructura frente a vibraciones producidas por el tráfico y el viento. Estas acciones son importantes en un puente de esta luz, y más con la esbeltez que se pretende conseguir. Hay que tener presente que Zaragoza es una ciudad ventosa y la dirección del temible Cierzo es casi perfectamente perpendicular al eje del puente.
Si hablamos de estética, el hormigón permite dar lugar a una construcción más íntegra y monolítica que la estructura de acero, creando un objeto continuo, con formas que enlazan entre sí sin costuras ni planos de corte, que aspira a componer una gran escultura pétrea sobre el río Ebro. El hormigón es un material de una gran nobleza y con un magnífico envejecimiento, siempre que se cuide la ejecución y sus superficies sean socialmente respetadas. El color blanco aumenta esta nobleza y calidad visual.
Una vez elegido el hormigón como material principal para la construcción de un puente de estas dimensiones, el peso propio pasa a ser su principal problema estructural. El empleo de hormigón de alta resistencia se convierte en una necesidad para permitir reducir el volumen (y, por tanto, el peso) de las piezas, especialmente de las que componen el tablero, cuyos espesores deben ser lo más reducidos posible para permitir que el puente sea capaz de soportarse a sí mismo.
Esta reducción de espesores de elementos de hormigón conlleva altas cuantías de barras de armadura pasiva (345 kg/m3 en tablero, 180 kg/m3 en arco y 295 kg/m3 en lajas de amarre) y de tendones de pretensado interior y exterior (85 kg/m3 considerándolos conjuntamente). Todos ellos distribuidos de manera ciertamente compleja.
Esta circunstancia impide que haya suficiente espacio libre para el correcto empleo de vibradores que garanticen la adecuada compactación durante la puesta en obra del hormigón. Este motivo lleva a diseñar una formulación de hormigón sin precedentes que, además de ser blanco y de alta resistencia, es autocompactante (y con tamaño máximo de árido de 12 mm). El origen de este hormigón arranca en fase de proyecto, en la que se realizó un número suficiente de ensayos que garantizasen las características de resistencia, geológicas y de rigidez alcanzándose 92 MPa de resistencia media y 41.250 MPa de módulo elástico instantáneo. En fase de obra ha sido necesario dar el gran paso que ha permitido una fabricación masiva de un hormigón tan especial, garantizando en todo momento la condición de autocompactabilidad.
El Puente del Tercer Milenio, en el que todos los elementos que lo componen responden a necesidades estructurales, es un claro ejemplo de lo que denominamos Arquitectura Estructural, un campo que busca alcanzar en sus obras niveles máximos tanto de funcionalidad resistente como de expresividad formal. Se basa para ello en una génesis conceptual que antepone la autenticidad y el sentido estructural de las formas, y en una síntesis que enfatiza el cuidado extremo de los detalles. Es decir, convierte el diseño y construcción de puentes en un problema de Teknés.
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