El proyecto consiste en la intervención en un inmueble que ya estaba, por lo que el punto de partida para la propuesta estriba en el análisis de las características de las propias preexistencias. Asimismo, contempla la posibilidad de aumentar las actuales dependencias agotando el aprovechamiento urbanístico del mismo. Por ello, en la solución final se percibe la presencia de dos cuerpos que tratan de expresar claramente el origen diferente de cada uno de ellos: el primitivo, sobre todo la crujía delantera, cuyos muros se conservan; y la ampliación, que se sitúa en la parte posterior. En ambos existe la necesidad de “crecer” en altura.
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El proyecto consiste en la intervención en un inmueble que ya estaba, por lo que el punto de partida para la propuesta estriba en el análisis de las características de las propias preexistencias. Asimismo, contempla la posibilidad de aumentar las actuales dependencias agotando el aprovechamiento urbanístico del mismo. Por ello, en la solución final se percibe la presencia de dos cuerpos que tratan de expresar claramente el origen diferente de cada uno de ellos: el primitivo, sobre todo la crujía delantera, cuyos muros se conservan; y la ampliación, que se sitúa en la parte posterior. En ambos existe la necesidad de “crecer” en altura. En el principal resulta imprescindible para hacer habitable la bajocubierta, mientras que en el segundo hay que aumentarlo considerablemente añadiendo nuevas plantas para poder desarrollar todo el programa requerido y ocultar, además, la deteriorada fachada trasera.
El revestimiento de ésta se resuelve mediante un zócalo de mortero multicapa, con el que se pretende zanjar los problemas de humedad, dejando vista la piedra en el resto: el recrecido se realiza en muro de hormigón armado encofrado con tabla vertical. Las texturas se igualan con una capa protectora, una veladura de restauración que, al tiempo que entona el conjunto, preserva dicha piedra. La piel de ese cuerpo trasero está formada por planchas de acero cortén que continúan en la cubierta de los dos bloques, aportando al ayuntamiento unidad y advirtiendo, en el muro principal, de la presencia del nuevo volumen de color terroso. Esta piel “envuelve” también la construcción ocupada por Telefónica sin alterar, en principio, ni su espacio interior, ni la disposición de los aparatos, ni sus elementos estructurales o de cerramiento. Lo que, en definitiva, se pretende es que exprese de forma clara las operaciones realizadas en la rehabilitación, estableciendo un diálogo entre lo viejo y lo nuevo como retórica de la misma.
En lo que respecta a la organización funcional, en la crujía principal, que se mantiene, se dejan los espacios más representativos, potenciando la condición de “piano nobile” de la primera planta donde se ubican las dependencias de alcaldía, secretaría y atención al público. En la estancia lograda en la bajocubierta se alojan el salón de plenos –también en la crujía sur– y los despachos de los grupos políticos. Una zona multiusos completa el programa en la segunda altura.
La escalera arranca de forma natural frente a la entrada, en el centro de la crujía que se reconstruye. Para optimizar los recorridos, en su ojo se introduce un ascensor transparente, lo que permite el paso de la luz procedente de la gran ventana del norte que se abre en la medianera del segundo piso. La planta baja se reserva para los servicios adicionales de atención al público.
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