El Palacio del Gobernador de Estella, ejemplo singular de la arquitectura civil del siglo XVII en Navarra, destaca por sus acertadas proporciones y su ordenada composición arquitectónica. Situado en la calle Rúa, en el recorrido del Camino de Santiago, el edificio se organiza en torno a un pequeño, pero elegante, patio interior de dos pisos con triples arquerías sobre columnas de orden dórico. Consta de dos plantas y otra de semisótano, esta última cubierta por rotundas bóvedas de ladrillo de generatriz elíptica, reconstruidas en el transcurso de las obras. Destacan en sus fachadas, y de manera singular en la principal, las buenas proporciones y una sobria composición ordenada que, junto al binomio constructivo de piedra y ladrillo, recuerdan a la arquitectura palaciega de la primera mitad del siglo XVII de los Austrias de Madrid.
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El Palacio del Gobernador de Estella, ejemplo singular de la arquitectura civil del siglo XVII en Navarra, destaca por sus acertadas proporciones y su ordenada composición arquitectónica. Situado en la calle Rúa, en el recorrido del Camino de Santiago, el edificio se organiza en torno a un pequeño, pero elegante, patio interior de dos pisos con triples arquerías sobre columnas de orden dórico. Consta de dos plantas y otra de semisótano, esta última cubierta por rotundas bóvedas de ladrillo de generatriz elíptica, reconstruidas en el transcurso de las obras. Destacan en sus fachadas, y de manera singular en la principal, las buenas proporciones y una sobria composición ordenada que, junto al binomio constructivo de piedra y ladrillo, recuerdan a la arquitectura palaciega de la primera mitad del siglo XVII de los Austrias de Madrid.
El palacio estuvo habilitado durante varias décadas como secadero de pieles y taller mecánico, uso que ocasionó graves daños en sus fábricas. Además, llevaba casi treinta años sin cubrición de teja, por lo que su estado era ruinoso: la cubierta de las galerías del patio estaba hundida en un ala y a punto de hacerlo en otras dos, parte de los solivos del techo de la crujía frontal habían fallado por la entrada de agua y estaban caídos, otros amenazaban hundimiento; las bóvedas del sótano estaban contraflechadas y algunos tramos del suelo, así como un largo etcétera de desperfectos entre los que se incluía el movimiento de las arquerías del patio y la cesión de la escalera principal.
Este proyecto, como toda actuación sobre un edificio histórico, pretende mejorar la comprensión del antiguo Palacio del Gobernador como testimonio material de la historia, recuperar su valor arquitectónico en los aspectos formales y constructivos y adecuarlo para su futuro uso como sede del museo del carlismo. Así pues, las obras comprenden la construcción de un nuevo bloque de servicios, anexo e independiente, la restauración propiamente dicha del palacio y la urbanización del patio que queda entre ambos inmuebles. Singular interés se pone en la cubrición del patio, alma y razón de ser de esta construcción, resuelta con una bóveda acristalada, generada por una malla triangular de acero inoxidable que quiere apoyarse livianamente sobre las elegantes arquerías calizas y retener ese espacio sin negar la infinitud del exterior.
La intervención trata de restañar las heridas causadas por la azarosa vida de la construcción, fundamentalmente a lo largo del siglo XX, y de reponer sus revestimientos murales de morteros de cal, sus bóvedas y techos lucidos de yeso y artesonados de madera, sus pavimentos de tarima de roble en las salas de exposición de la planta baja y primera y de piedra caliza en el resto de dependencias, sus carpinterías exteriores de roble y pino e incorporar a sus viejos muros las instalaciones técnicas actuales que demanda su uso museístico.
Especialmente compleja resulta la climatización, ya que requería de conductos de gran sección que no podían ocultarse en falsos techos, ni en dobles tabiques, porque simplemente no existían. Por tanto, fue necesario excavar el zaguán para habilitar en el sótano una nueva dependencia ventilada.
En definitiva, se plantea un obra de restauración compleja, sin renunciar a la contemporaneidad arquitectónica que demanda un edificio monumental que, construido en el siglo XVII, va a vivir intensamente el XXI.
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