En el antiguo corazón mercantil y comercial de Bilbao descubrimos los cimientos de Bascook, un lugar anclado en el tiempo que ansiaba recuperar su memoria.
Eliminar, limpiar, reconstruir, incorporar, sustituir…, conectar los espacios antiguos y los nuevos, los materiales tradicionales y los modernos; unir a las personas que un día se movieron entre los montones de sal con las que ahora cocinan con ella, a los trabajadores que labraron y dibujaron en la piedra con los que hoy desvelan de nuevo el esplendor de sus muros.
Hemos tratado de adaptar las superficies a otro concepto de restauración, de experimentar la ceremonia del alimento como la apertura de los sentidos al placer del gusto y de la contemplación. No se trata de la experiencia en un santuario del ritual social, sino del regreso al interior, al útero primigenio.
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En el antiguo corazón mercantil y comercial de Bilbao descubrimos los cimientos de Bascook, un lugar anclado en el tiempo que ansiaba recuperar su memoria.
Eliminar, limpiar, reconstruir, incorporar, sustituir…, conectar los espacios antiguos y los nuevos, los materiales tradicionales y los modernos; unir a las personas que un día se movieron entre los montones de sal con las que ahora cocinan con ella, a los trabajadores que labraron y dibujaron en la piedra con los que hoy desvelan de nuevo el esplendor de sus muros.
Hemos tratado de adaptar las superficies a otro concepto de restauración, de experimentar la ceremonia del alimento como la apertura de los sentidos al placer del gusto y de la contemplación. No se trata de la experiencia en un santuario del ritual social, sino del regreso al interior, al útero primigenio.
Un enorme sótano y poderosos cimientos pétreos sirven para concebir este proyecto. Con una superficie de 430 m2, nuestro Bascook cuenta con dos estancias de personalidad propia. En la planta baja, se sitúa la recepción y la tienda, donde quienes nos visitan podrán acercarse a sabores y olores de todo el mundo. Descendiendo las escaleras, nos adentramos en el corazón del restaurante –su centro físico–, una zona multifuncional en la que podemos disfrutar de un buen aperitivo, un delicioso menú o un exquisito té. Desde este atrio, accedemos a las diferentes dependencias entre las que destacan el comedor y los “txocook”.
Altos arcos que han sufrido el tiempo y la sal nos encaminan a ese comedor, definido entre paredes de piedra y ladrillo que se alzan hasta perderse en la profunda oscuridad de los techos. Aquí se produce la ceremonia del alimento, acompañada de una iluminación poderosa, dramática y teatral.
Intimidad, amistad y cercanía es lo que proponen los “txocook”. Estos dos pequeños espacios nos aíslan y nos permiten veladas más íntimas, la privacidad de una comida celebrada en buena compañía, ya que se cierran a las miradas, se protege.
Desde el atrio también llegamos a los baños, un universo en grises y azules que mantienen la misma esencia intimista del resto del recinto. Y por fin, la cocina, “foco del hogar”, símbolo de lo más genuino de Bascook. En ella, la alquimia del fuego transforma la materia en una exquisita experiencia para los sentidos. Abierta a la vista, exhibe para nosotros toda su riqueza. En todo el restaurante se mantienen in situ imperfecciones, paisajes interiores, signos de vida, presencias. Es lugar para ser habitado, vivido, disfrutado.
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