El restaurante se ubica dentro del conjunto de carácter histórico-monumental conocido como Los Arquillos, de 1787 y obra del arquitecto Justo Antonio de Olaguibel, que configura la transición entre la ciudad medieval y el ensanche. Entre sus peculiaridades encontramos “las covachas”, elementos abovedados de piedra que funcionan como soporte estructural de la plaza del Machete, uno de los escalones entre lo nueva y lo antiguo. No obstante, se trataba de un local obsoleto –con una vivienda en la planta primera–, por lo que sus propietarios deciden rehabilitarlo totalmente. Tras la demolición, se desnuda todo el volumen, dejando tan sólo los muros medianeros de piedra que sustentan el lote del edificio, los pilares de madera y el forjado de tabla del primer piso, ya que están protegidos debido a su alto valor histórico.
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El restaurante se ubica dentro del conjunto de carácter histórico-monumental conocido como Los Arquillos, de 1787 y obra del arquitecto Justo Antonio de Olaguibel, que configura la transición entre la ciudad medieval y el ensanche. Entre sus peculiaridades encontramos “las covachas”, elementos abovedados de piedra que funcionan como soporte estructural de la plaza del Machete, uno de los escalones entre lo nueva y lo antiguo. No obstante, se trataba de un local obsoleto –con una vivienda en la planta primera–, por lo que sus propietarios deciden rehabilitarlo totalmente. Tras la demolición, se desnuda todo el volumen, dejando tan sólo los muros medianeros de piedra que sustentan el lote del edificio, los pilares de madera y el forjado de tabla del primer piso, ya que están protegidos debido a su alto valor histórico. De este modo, el local se divide en dos grandes espacios diferenciados por su uso: el bar en la planta baja y el restaurante en la primera. La comunicación entre ambos se produce a través de dos escaleras –de uso público y de servicio–. Además, el restaurante dispone de una salida a la balconada de la Virgen Blanca, uno de los rincones más emblemáticos de la capital alavesa, lo que nos obliga a ejecutar una obra de marcado carácter vitoriano.
Así pues, nace una estancia envolvente, de entidad propia aunque suavizada, con una secuencia de luces y sombras generada por un entramado perimetral de lamas de madera que cubre sinuosamente las paredes y el techo del bar. Esto conforma una volumetría clara y contundente que da continuidad al espacio y, en un solo gesto, oculta el intrincado y escalonado techo resultante de la insonorización del forjado de madera y de las instalaciones, a la vez que esconde la iluminación y combina luces directas e indirectas bajo una única envolvente. Asimismo, su polivalencia requiere un cuidado tratamiento de esa luz mediante su graduación en color e intensidad para adecuarse a los diferentes momentos del día y de la noche.
En el interior de este túnel formado por la vibración de lamas, sobresale la barra donde el vidrio blanco retroiluminado con leds y la minionda de acero inoxidable le confieren un aspecto sobrio y aséptico, que contrasta con la imagen cálida de la madera. Detrás de la misma, vuelve a aparecer el frío del acero para recortar dicha estructura y servir de apoyo. Frente a ella y de la misma forma, cinco mesas voladas surgen del vidrio-display informativo para cenas y comidas informales, así como para componer un entorno privado y tranquilo en el que tomar una copa cuando funciona como pub. La planta primera alberga cuatro comedores que, con una iluminación adecuada, resultan acogedores para los comensales. Por ello, se recurre a los apliques y a luces ocultas e indirectas dada la escasa altura de algunos de ellos. Los comedores de las dos bóvedas resultan especiales por su volumetría y, sobre todo, el de la “covacha”, que se deja completamente al descubierto para poder contemplar la gran bóveda que sostiene la plaza del Machete. Además, este último se formaliza mediante paneles de vidrio transparente que permiten observar el talud de roca del que brota agua de forma natural. Su iluminación varía en sus connotaciones, dependiendo de la hora del día y de la ambientación que se requiere en cada caso, configurándose un lugar flexible dentro de la rigidez de la volumetría.
Finalmente, el espacio se libera al máximo, permitiendo disfrutar de las diferentes dependencias al desnudo y así descifrar la riqueza tipológica, constructiva y espacial de un edificio tan emblemático como Los Arquillos.
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