El edificio, ya desde su concepción en el concurso de ideas, se plantea como un referente dentro del recinto portuario. Para ello, se propone un desarrollo vertical, de manera que emerja en un amplio espacio, donde la horizontalidad predomina por la escala y por la amplia superficie que abarcan las instalaciones. Dadas las características formales de la parcela y su ubicación, el volumen proyectado requiere ser, primeramente, avistado, después rodeado hasta llegar a sus accesos y, por último, ocupado y utilizado. En su composición, se distinguen claramente dos partes. Por un lado, una de marcado formalismo horizontal adaptado a la topografía; y por otro, un elemento vertical en el que se llevan a cabo las actividades propias de la autoridad portuaria.
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El edificio, ya desde su concepción en el concurso de ideas, se plantea como un referente dentro del recinto portuario. Para ello, se propone un desarrollo vertical, de manera que emerja en un amplio espacio, donde la horizontalidad predomina por la escala y por la amplia superficie que abarcan las instalaciones. Dadas las características formales de la parcela y su ubicación, el volumen proyectado requiere ser, primeramente, avistado, después rodeado hasta llegar a sus accesos y, por último, ocupado y utilizado. En su composición, se distinguen claramente dos partes. Por un lado, una de marcado formalismo horizontal adaptado a la topografía; y por otro, un elemento vertical en el que se llevan a cabo las actividades propias de la autoridad portuaria.
La componente horizontal está constituida por losas de hormigón que se pliegan atrapando el espacio, mientras que su función varía a lo largo de su desarrollo longitudinal. Pasan a convertirse de suelo a fachada y de fachada a cubierta, recogiendo los usos de carácter público como el aparcamiento, la cafetería-restaurante y los accesos principales. Además de agrupar dichas funciones, favorece la creación de zonas libres mediante las plataformas generadas. Ese carácter público y su marcado apego al terreno natural, con dos y tres alturas, potencia el mantenimiento de la escala humana.
La fachada de los niveles inferiores viene definida por los cantos de forjado que recogen las distintas estancias, mostrando en ella su sección. Los cerramientos exteriores se completan con piezas vidriadas o ligeras, dotando de permeabilidad al edificio en su sentido transversal.
Los servicios conformados por las oficinas se engloban en un cuerpo vertical, concebido como un monolito flotante encarado al mar, en cuyo interior se conjugan llenos y vacíos, que se muestran por medio del alzado, y cuyas roturas en esquina permiten la continuidad interior-exterior correspondiéndose con las zonas públicas dentro del propio inmueble. Dicho alzado aparece como un velo camaleónico, en el que la imagen varía dependiendo de las condiciones meteorológicas, efecto que se consigue gracias a la composición de la serigrafía en tonalidades verdosas.
La planta tipo de oficinas se concibe diáfana, ubicando los despachos cerrados en la fachada y reservando las superficies centrales para información. Esta disposición se refleja también en los materiales empleados: los cierres de los despachos se realizan con mamparas de vidrio que permiten la entrada de luz, mientras que otras dependencias se revisten de madera y acero lacado.
El diseño estructural también toma relevancia: los cantos de los forjados que se pliegan en los niveles inferiores toman un protagonismo ineludible en la imagen final, conformando los muros longitudinales. Su diferenciación en dos partes se realiza por medio de una losa de hormigón pretensado de gran canto, que se pliega en su parte volada aprovechando esa inclinación para generar el graderío del salón de actos, al tiempo que remarca la entrada principal. Contiguo a la nueva sede se plantea un espacio urbanizado complementario a modo de aparcamiento exterior. Éste se ejecuta mediante una superficie de hormigón impreso en la que aparecen distintas zonas verdes arboladas como si de islotes se trataran.
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