El edificio, un antiguo lavadero público, requiere una nueva adaptación compatible con el valor patrimonial de la construcción. A nuestro juicio, su valor histórico reside casi exclusivamente en las fachadas modernistas, ya que los usos anteriores modificaron su estructura física, espacial y funcional.
La ubicación en una esquina de manzana, con frentes a las calles Castaños y Múgica y Butrón, junto con la entrada por el chaflán caracterizan un espacio urbano en el que conviven diferentes escalas. La perspectiva desde la plaza del funicular hacia la antigua lonja permite apreciar las diferencias en altura entre las cornisas del edificio de Ricardo Bastida y de las viviendas colindantes, evidenciadas por dos gradas medianeras ciegas que envuelven el mercado y dibujan el perfil de la edificación más reciente. Esta discontinuidad, que produce un escalonamiento de tres niveles, configura un vacío urbano a partir de la segunda planta de escaso interés.
La propuesta contempla una ampliación en altura, pero respetando la imagen, la cornisa y el volumen originales y conservando la memoria histórica del viejo lavadero. El bloque añadido, retranqueado en sus dos fachadas, se basa en la ligereza y la neutralidad, tanto en la composición de los huecos como en la textura de los materiales, en el orden constructivo e, incluso, en sutiles referencias hacia el inmueble original.
En este sentido, se propone un edificio con unas características muy marcadas. Así, el orden constructivo se basa en una composición horizontal mediante elementos lineales que aligeran la percepción en altura y conforman una difusa trama que enmascara su interpretación en relación con el número de plantas. La pequeña escala o modulación de las piezas horizontales permite eludir cualquier competencia con lo existente. La textura de los materiales –celosía de elementos cerámicos sobre fachada de vidrio con ventanas de lamas practicables– evoca sutilmente a las franjas de ladrillo de la planta primera del viejo pabellón. La traza de los alzados, retranqueados respecto a las alineaciones, dibuja una envolvente poligonal quebrada, de modo que se evita cualquier competencia entre los cuerpos nuevos y el primitivo, manteniendo la identidad de ambos.
Finalmente, se conforma un juego de volúmenes y cornisas que articulan la transición de la esquina entre las dos medianeras. Las diferentes perspectivas desde las calles Castaños y Múgica y Butrón permiten que la percepción de las fachadas originales no resulten alteradas por el bloque que ahora se ejecuta, el cual permanece oculto tras el colindante y sólo se hace visible cuando te aproximas. El espacio interior se reforma totalmente en todas las alturas, incluida la cimentación y la estructura de pilares, vigas y forjados, así como la distribución funcional. Un pasillo longitudinal, de 1,80 metros de anchura, facilita la comunicación entre los distintos locales de oficinas, despachos, salas polivalentes…, que recogen luces de los dos alzados disponibles. El esquema de planta libre permite compartimentar la superficie con total independencia.
[-]