La carretera de Laguardia se modifica ligeramente al oeste, con el objeto de hacer coincidir la mitad de la calzada con la actual para, de este modo, poder aprovecharla. La sección es constante: dos carriles de circulación en ambos sentidos, aunque la anchura de las aceras varía según las necesidades de las zonas que atraviesa. Ésta interconexiona con tres glorietas de distinto diámetro para resolver los encuentros con la carretera de Navarra, con la procedente de La Arena (actual aparcamiento de las Norias) y con el vial de prolongación del cuarto puente.
Las calles rodadas se componen de una calzada asfaltada de 7,8 metros, con un carril en cada sentido, aparcamiento en línea a ambos lados de 2,5, macizo ajardinado con árboles y acera de unos cuatro metros. No obstante, las peatonales tienen diferentes anchuras y en ellas se sitúa un parterre central elevado –con diversas geometrías para agregar otros recorridos diagonales– que incorpora el arbolado, dejando aceras de cuatro metros a ambos lados, junto a las edificaciones. En los encuentros, se liberan espacios que, con pavimentos diferentes y grupos escultóricos, enfatizan esta circunstancia de cruce y de punto de encuentro.
También se ejecuta el carril-bici, que discurre paralelo a la carretera de Laguardia, en ambas márgenes, conectando con el ya existente en las Norias y cuya continuidad hacia el oeste debe resolverse en La Arena, ya que dispone de espacio suficiente para ello.
Se distinguen dos tipos de superficies públicas: plazas de pequeñas dimensiones y el parque central. En cuanto a las primeras, en su diseño se juega con geometrías cambiantes apoyadas en parterres, muretes y distintos tipos de pavimentos, cuentan con juegos infantiles y fuentes y el arbolado difiere en cada una de ellas. En general, integran recorridos diagonales, los arriates tienen una suave orografía ondulante y se presta especial cuidado a la iluminación.
De marcado carácter longitudinal, el parque se encuentra limitado, al norte, por el gran talud que lo separa del Campillo y, al sur, por el nuevo recorrido de la carretera de Laguardia. Se altera ligeramente su topografía, tan plana, para enriquecer las distintas visuales y acompañar el trazado del camino.
Las zonas verdes incorporan, de modo disperso, arbolado de distintas especies frondosas, mientras que en los trayectos peatonales se plantan pinos piñoneros en hilera. Asimismo y debido a ese carácter mediterráneo que se le ha querido dar al talud, se colocan encinas, robles, pinos, laureles y algunos cipreses.
Respecto a los pavimentos, se emplea adoquín envejecido de hormigón de varios colores. De este modo, con tres piezas de la misma anchura y distinta longitud se consiguen composiciones a rompejunta muy adecuadas. No obstante, en algunos puntos más especiales –placitas, encuentros entre calles peatonales o la plaza central– se adopta un adoquín cerámico. Finalmente, se sitúan bancos en las aceras y en los recorridos peatonales cada 50 metros, así como en las placitas y en los lugares de estancia próximos a los juegos infantiles. En la plaza se reubica la “puerta de las bolas” y los pináculos de la antigua valla de la finca, cuyos elementos de piedra arenisca se aprovechan en los muros de mampostería del parque.
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